Cuando las portadas de videojuegos eran arte

Alfonso Azpiri: el legado de un artista de otro tiempo

S oy de los que piensa que en el mundo de los videojuegos cualquier tiempo pasado no fue mejor, sino diferente. Tan ingenuo es aquel amante de lo retro que cree que ahora ya no se hacen juegos que merezcan la pena, como el que asegura que con las limitaciones técnicas de antaño no había nada interesante para un jugón actual.

Pero sí que existe un aspecto de este noble divertimento nuestro que ha perdido con los años mucho carisma y, sobre todo, mucho arte. Me refiero, como ya se podrán imaginar, a las portadas: esa imagen que vemos por primera vez en la tienda, la revista o la web y nos vende de golpe la esencia del juego. Esa imagen que debería emocionarnos, llevar nuestra imaginación lejos y prometernos muchas horas de diversión.

Cuando los videojuegos eran gráficamente limitados, tanto en resolución como en número de colores, una carátula atractiva ayudaba a los jugadores a elevarlos a otro nivel. Gracias a su poderosa magia esos pocos píxeles que se movían por la pantalla se convertían en nuestra mente en el peligroso helicóptero de combate, la fornida guerrera o el futbolista que aparecía en la carátula.

En la actualidad, y con la llegada del fotorrealismo a nuestras pantallas, el objetivo es distinto. La editora quiere que, de un simple vistazo a la portada, el comprador deduzca cómo luce el juego gráficamente. Así, en la mayoría de ocasiones, tropezamos con portadas aburridas, repetitivas y faltas de carisma, que no difieren prácticamente de una captura de pantalla que nosotros mismos podemos hacer.

Pero volvamos a ese tiempo pasado…

Cuando los ordenadores personales empezaron a popularizarse el mercado de los videojuegos se disparó y muy pronto las compañías descubrieron lo que era tener dura competencia. Los directivos más avispados y con más olfato comercial se dieron cuenta que si querían vender más que sus rivales tenían que diferenciarse. Y, ¿qué era lo primero que entraba por los ojos del aficionado en las tiendas y los anuncios de las revistas? Sin duda una buena portada vendía incluso más que un buen juego y era un dinero bien invertido.

Es en ese contexto que las empresas editoras con más recursos empezaron a contratar a los mejores portadistas y dibujantes, que normalmente venían del mundo de la ilustración, el cómic o las portadas de la industria musicalSin embargo no todos los artistas llegaron a entender el mundo del videojuego y a desarrollar la habilidad de concentrar su esencia en una única imagen.

Desgraciadamente para este sector en agosto de 2017 falleció un enorme ilustrador, que fue el portadista más exitoso y reclamado de España. Su reconocimiento profesional fue tan grande que para cualquier equipo de programación de la época suponía un enorme privilegio contar con una de sus portadas.

Así que desde este humilde rinconcito presento mi sentido homenaje a Alfonso Azpiri, un artista de otro tiempo que siempre será moderno.


Alfonso Azpiri Mejía nació en Madrid en 1947. Por influencia familiar realizó sus primeros pinitos en el mundo de la música, terminando la carrera de piano y tocando durante varios años en bandas de la época. Con el tiempo su pasión por el mundo del cómic se impuso a la música y terminó dedicándose por completo al arte de la ilustración.

En sus primeros años de carrera participó en distintas revistas de cómic españolas e italianas, con obras de diversas temáticas, destacando especialmente las de ciencia ficción y eróticas. Precisamente de la mezcla de estos géneros creó su personaje más conocido: Lorna, una exuberante heroína espacial que, junto a su robot, nos alegró a muchos la infancia.

Lorna le supuso, además, el reconocimiento internacional gracias a su publicación en revistas tan importantes como Heavy Metal o Penthouse.

Es en esta época, a mediados de los ochenta cuando Azpiri contaba ya con una sólida carrera a sus espaldas, que un muchacho de apenas dieciocho años tocó temerosamente en la puerta de su casa. Era Víctor, uno de los tres hermanos Ruíz, creadores de la compañía Dinamic y a la postre pioneros de la industria del videojuego español.

Los hermanos Ruíz habían desarrollado sus primeros títulos de forma totalmente amateur en casa de sus padres y, con un inusitado olfato comercial para su edad, los habían vendido por correo, anunciándose en las revistas de informática que también daban sus primeros pasos en esta época. Tanto para diseñar esas publicidades como para las portadas de sus primeros títulos tuvieron la ayuda de algunos vecinos y amigos.

Portada del juego Babaliba (Dinamic, 1984)
Como se puede comprobar, las primeras portadas de Dinamic pre-Azpiri eran totalmente amateurs

Poco a poco Dinamic se fue especializando en ofrecer unas ediciones muy cuidadas tanto por la parte gráfica como en la  propia edición física. Cuando en 1985 se encontraban desarrollando su siguiente juego los hermanos ya tenían claro que debían dar un salto de calidad con la imagen de producto. Y lo primero que les vino a la mente fueron las espectaculares portadas que disfrutaban cada mes en la famosa revista Cimoc.

CIMOC
Cimoccómic al revés— fue una exitosa revista española de cómics para público adulto, en la que grandes firmas de la historieta nacional e internacional publicaban sus nuevas creaciones divididas en varios números. Por la revista pasaron obras de SegrellesHermann, BurgeonHugo Pratt, Milo Manara, Moebious o el propio Azpiri, que publicó las aventuras fantásticas de Zephyd y algunos álbumes de Lorna.

En pleno auge del cómic europeo de calidad, conseguir ser publicado en una de estas revistas significaba una difusión muy importante para los autores y ocupar la portada era el máximo reconocimiento.

Así que los Ruíz llamaron a Cimoc para preguntar por el autor de las ilustraciones que tanto les gustaban y allí les dieron el nombre —un tal Alfonso Azpiri— y un teléfono.

Al artista de primeras le resultó interesante la idea, pero no pensó que aquellos imberbes que vinieron a visitarle pudieran pagar su caché. No por nada vivían aún en casa de sus padres y habían acudido a la cita en metro por no tener ni coche.

—A mi me gusta mucho esto de los ordenadores, pero es que estoy muy liado de trabajo y hacer una portada cuesta mucho—.

Pero cuando los Ruíz le insistieron en que diera un cifra no les pareció difícil amortizarlo con la cantidad de juegos que ya estaban vendiendo.

Y así se cerró el acuerdo para la primera portada de Azpiri, un juego de boxeo que, sin ningún complejo ni preocupación por temas de copyright, tenía el nombre de Rocky, y de paso fusilaba la idea del arcade Puch Out de Nintendo.

Y no sólo eso. Cuando se dieron cuenta del magnífico trabajo que había realizado el artista aprovecharon para publicar, por primera vez, un anuncio a página completa en la revista MicroHobby con la portada del juego. Aquello fue todo un éxito y el juego se vendió como rosquillas.

A partir de ese momento Azpiri se convirtió en el portadista de cabecera de Dinamic durante varios años, participando en la mayoría de los juegos publicados por la compañía. Los aficionados esperaban, con cada título, la correspondiente portada de Azpiri, al mismo tiempo que él mismo se fue aficionando a la informática y los videojuegos.

Estilo
Azpiri poseía un estilo especial: dinámico, potente y muy personal.

Sus imágenes no tenían un nivel de realismo exacerbado, pero a cambio parecían fotogramas congelados de una escena de acción de película, llenos de plasticidad y movimiento. Sus dibujos te hacían sentir que estabas dentro de la acción y no eran un simple póster estático. No le importaba exagerar ángulos y perspectivas para conseguir un efecto más contundente.

Aunque la mayor parte de la portada la realizaba con aerógrafo, Azpiri no dudaba en complementarse con otras técnicas como acuarela, guache, o acrílicos.

Pero Azpiri no tenía un contrato exclusivo con Dinamic, ya que quería libertad para decidir sus trabajos. Así que cuando la poderosa distribuidora Erbe decidió ampliar su negocio y creó un equipo de desarrollo —bautizado como Topo Soft— su director Paco Pastor no escatimó en medios. Sabía que nuestro artista era un grandísimo reclamo para todo el público y, pagándole mucho más que Dinamic, le encargó buena parte de las carátulas de sus juegos.

Portada de RAM (Topo Soft, 1990)

Al comenzar a trabajar con Topo, Dinamic decidió que no podía compartir estilo con su máximo competidor y realizó un cambio general en la imagen de la compañía, incluyendo las carátulas. Este cambio de política motivó que quedaran inéditas algunas portadas que Azpiri ya había finalizado, pero que eran juegos que aún no habían sido publicados.

Comparativa
Estas portadas que quedaron en el tintero nos dan la oportunidad, poco frecuente, de poder comparar el estilo de Azpiri con el del otro portadista estrella de la época: Luis Royo.

El dibujo de Royo es mucho más realista, con una exagerada atención al detalle, a la fisionomía —con mención especial a sus héroes hipermusculados— y una fantástica recreación de la tecnología. Pero ese mismo detallismo los hace más más estáticos y “fríos”.

Para After the war (Dinamic, 1989) Azpiri no solo había entregado su trabajo sino que incluso habían aparecido anuncios en las revistas con su imagen. Finalmente Dinamic le pasó el encargo a Royo, cuya portada es la que salió publicada con el juego.

El mismo caso ocurrió con Satán (Dinamic, 1989). En este caso el juego estaba “inspirado” en el arcade Black Tiger de Capcon, lo que casi acaba en una denuncia de U.S. Gold, que tenía los derechos del juego para ordenador. Ninguna de las portadas tiene demasiado que ver con el contenido del juego así que es posible que los dos artistas recibieran poca información, más allá de su nombre.

Anuncio a toda página de Ulises (Ópera Soft, 1989)

Anuncio a toda página de Ulises (Ópera Soft, 1989)

Durante esa época de frenético trabajo muchas otras compañías como Ópera, Animagic o Delta también quisieron aprovechar su ascendente entre los aficionados y lo contrataron para ilustrar algunos de sus títulos más potentes.

A finales de los ochenta Azpiri tuvo otro éxito en el mundo del cómic con Mot, un enorme extraterrestre cuyos cómics aparecían semanalmente en la revista infantil que venía incluida en el suplemento dominical del periódico El País. Mot fue recopilado en varios volúmenes, con muy buenas ventas, y a mediado de los noventa tuvo su propia serie de animación.

Animados por la popularidad del personaje los desarrolladores de Ópera Soft le propusieron crear un juego que sería publicado en 1989. Azpiri no sólo realizó la portada sino que se involucró en los gráficos, que con un estilo muy original simulaban las viñetas de un cómic sobre la que los personajes se movían.

Detalle de los gráficos del juego Lorna para Atari ST

Detalle de los gráficos del juego Lorna para Atari ST

Gracias a Topo Soft también pudo completar otro de sus sueños que había quedado suspendido tras la ruptura con Dinamic. En 1990 apareció Lorna, el juego de su famosa heroína, en el que también participó creando los bocetos en papel que luego se transformarían en los gráficos del título.

Cuando las ventas de los ordenadores de 8 bits languidecieron y el mercado del videojuego español no consiguió superar la aparición estelar de las consolas, el número de encargos de portadas empezó a disminuir.

En 1992 la gente de Ópera Soft intentó dar el salto a las nuevas plataformas de 16 bits y publicó el juego La Colmena para PC y Commodore Amiga. El título era un party game erótico del estilo del juego de mesa La pirámide del amor, que estaba de moda en esa época. El juego contaba con ilustraciones picantes del propio Azpiri y una bonita portada que el propio autor decidió finalmente “autocensurar” de forma muy artística, en previsión de posibles escándalos.

Con la finalización de esta edad de oro de los videojuegos españoles, Azpiri siguió publicando sus personajes de cómics y realizando ilustración para libros, publicidad, portadas de festivales e incluso trabajando para el mundo del cine con storyboards, diseño de vestuario, personajes y carteles de películas.

Cartel que ilustró para RetroMadrid 2012

Cartel que ilustró para RetroMadrid 2012

Con los años y la aparición de diversas reuniones retro por toda la geografía española, el bueno de Alfonso pudo comprobar el cariño que los jugadores tenían a sus portadas. Él nunca decía que no a cualquier evento al que lo invitaban y con una paciencia infinita firmaba y realizaba ilustraciones para todos los visitantes, siempre accesible y amable como era.

Animado por este redescubrimiento de su obra publicó varias recopilaciones de sus portadas y bocetos en formatos de gran calidad, todas con unas ventas importantes y encontrándose en la actualidad totalmente agotadas —y con precios astronómicos en la segunda mano—. Además en esa última época también realizó por encargo algunas portadas para juegos de plataformas retro.

Aunque enormemente satisfecho por la dimensión de su figura en este mundillo, Azpiri siempre sintió cierta tristeza porque su faceta como autor de cómic —la que para él era su verdadera vocación— no fuera igual de reconocida en su país.

¡Larga vida a su obra, maestro!


NOTAS

NOTAS

  • Como ocurre con cualquier artista de éxito existe un mercado para la obra de Azpiri. Él mismo puso a la venta algunos originales de sus portadas, aunque con los años se arrepintió de haberlos perdido e incluso llegó a recuperar varios. Hoy mismo se pueden conseguir algunas de las más emblemáticas, como las de los videojuegos Lorna o Viaje al centro de la tierra —que él mismo consideraba su carátula más completa— por el módico precio de 30.000€.
  • En alguna de sus entrevistas Azpiri contó que la vorágine de la producción de videojuegos era tan grande que, en muchas ocasiones, no llegaba ver nunca el título en funcionamiento antes de hacer la portadas. Así que se tenía que regir únicamente por las someras descripciones que le llegaban desde la desarrolladora.
    Eso podía ser algo tan vago como: “Necesitamos una portada para un juego de vaqueros”.
  • Aunque sin duda Azpiri es la imagen más reconocible de los portadistas de la edad de oro no podemos olvidarnos de otras grandes firmas que contribuyeron a esta época del software español como fueron el gran Luis Royo, Juan Giménez —que alcanzaría fama mundial con el dibujo de la saga de cómics de los Metabarones— o Fernando San Gregorio —con sus portadas de juegos deportivos que parecían fotografías—.
  • En 2015 también nos dejó otro de los dibujantes más importantes de esta época: José María Ponce, que fue el portadista de las revistas MicroHobby y MicroManía en sus primeros años de vida. Las portadas de Ponce en estas revistas siempre bullían con la imaginación y el descubrimiento que eran parte fundamental de la magia de la informática de aquellos tiempos.

  • También el año pasado nos dejó Bob Wakelin —el Azpiri de las Islas Británicas—. Con su ingente trabajo para las marcas Ocean e Imagine, dos de las más potentes del que fuera el mayor mercado del videojuego de Europa, Wakelin se convirtió en un icono de la ilustración. Muchas de sus portadas son auténticas joyas atemporales.
    En una de sus entrevistas Wakelin reconoció que un par de veces los propios desarrolladores le dijeron: “El juego no es demasiado bueno, así que necesitamos una portada realmente espectacular”. Y remató: “Supongo que debería sentirme culpable por eso”.
  • Aunque me dejo otras muchas grandes portadas sin sitio, no puedo finalizar este pequeño homenaje sin añadir dos de mis preferidas: Abu Simbel Profanation (Dinamic, 1985) y Dustin (Dinamic, 1987), que son, curiosamente,  de sus primeras obras para videojuegos. Ambas representan con maestría la emoción de la aventura que se escondía en aquellas cintas de casette que, con unos pocos kilobytes, eran capaz de transportarnos a otros mundos.

6
Deja un comentario

avatar
3 Hilos de comentarios
3 Hilos de respuestas
0 Seguidores
 
Comentario con mas reacciones
Hilo del comentario mas candente
4 Autores de comentarios
MistermouserTio gilitoLenkoJessica Fletcher Autores de comentarios recientes
nuevos viejos mejor valorados
Jessica Fletcher
Invitado
Jessica Fletcher

Excelente artículo.

Tio gilito
Invitado
Tio gilito

El artículo está bien pero omite muchos detalles e información complementaria que lo habrían hecho redondo, aquí solo algunos de esos datos:
* Se realizó una continuación del mítico Abu Simbel y su portada fuera realizada precisamente por su hija Lorena Azpiri.
* No se citan los recopilatorios de portadas y bocetos posteriores, y es que por ejemplo “Tape covers” se hizo en un formato muy distinto a “Spectrum”.
* Luis Royo también publicó ocasionalmente en Cimoc.

Mistermouser
Invitado
Mistermouser

Estupendo artículo, ¡qué recuerdos traen esas carátulas!