Análisis de Unravel Two: Hilando un par de recuerdos

¿Si dos lanas se abrazan se están haciendo ganchillo?

Que una pequeña bola de lana antropomórfica me pudiera emocionar era algo que no había contemplado hasta que jugué por primera vez a Unravel. Menos aún lo pensé de dos bolas de lana. Pero sí, Unravel Two consigue, aunque no igualar a su predecesor en historia, causar con maestría una amalgama de emociones en el jugador.

Esta vez, el videojuego de plataformas e intrincados puzzles de la compañía sueca, Coldwood Interactive, ensalza los valores de la amistad, trasladando al jugador, de nuevo, a unos escenarios que destacan por su indiscutible belleza. Un entorno que se completa con divertidísimos desafíos que provocan una satisfacción total cuando son completados, debido a su no intensa pero sí suficiente complicación.

Ahora somos dos

La historia por la que apuesta Unravel Two difiere totalmente de la que Coldwood nos contó en la primera entrega. Aunque siempre bajo el ala del “amor”, en esta ocasión la empresa sueca nos muestra el valor de una amistad, y resalta especialmente el vínculo que se forma entre dos personas cuando existe un amor fraternal. Un vínculo que, a pesar de las circunstancias adversas, no se rompe sino que se transforma logrando ser cada vez más fuerte.

Esto último se refleja en los dos pequeños Yarnys que se encuentran a la deriva y cuyas lanas es juntan para demostrar la unión en los caminos de las personas. Al principio, esta unión es torpe y tosca, pero a medida que avanza el juego, las circunstancias provocan que ese enlace entre ambos resulte grácil, hermoso y fuerte.

Al principio, esta unión es torpe y tosca, pero a medida que avanza el juego, las circunstancias provocan que ese enlace entre ambos resulte grácil, hermoso y fuerte.

Contar con a dos bolas de lanas no sólo sirve para reforzar el mensaje de la amistad, sino que también resulta una oportunidad ejemplar para diseñar nuevos puzzles (más complicados) en base al cambio de mecánicas.

Así, los dos protagonistas se integran en un escenario no resulta un simple elemento de diseño, también es parte del juego como lo fue en la primera entrega de este título. Lo es hasta el punto de obligar al jugador a permanecer bien atento a lo que ocurre a su alrededor para entender qué pasos dar, y que se complementa con un nuevo elemento: el tiempo. Cada segundo parece tener una relevancia especial en este juego, porque la vida al final es eso; una sucesión de minutos.

Recuerdos y oscuridad

En esta ocasión, Coldwood indaga aún más en los términos que se relacionan con la oscuridad. Ya en la primera entrega nos presentó paisajes lúgubres y tristes con el fin de trasladar ciertos sentimientos al jugador. A Unravel Two se unen unos seres malignos y autómatas que reflejan la oscuridad. Así, mientras en Unravel la única manera de morir, era caer en un espacio peligroso, en esta segunda parte, unos pequeños seres de oscuridad aparecerán en pantalla para perseguirnos mientras tratamos de descifrar la resolución de los puzzles que se nos presentan.

Estos enemigos, unidos a la especial relevancia que adquiere el tiempo, logran que Unravel Two sea un título más desafiante que su antecesor. El control de los dos Yarnys es otra de las partes más interesantes de este juego pues, aunque la historia dista mucho de la calidad que tenía en la primera entrega, el tener que manejar a ambos -ya sea de forma individual o multijugador- plantea acertijos más elaborados que los de su primera parte No obstante, se echa de menos que haya algún tipo de freno a nuestros movimientos ya que el primer título de la saga nos proponía el hándicap de que Yarny se deshilachara a medida que caminaba.  

Tal importancia adquiere la oscuridad que Unravel Two no deja pasar la oportunidad de simbolizar su contrapunto en base a la luz. Una estrategia que ya estaba presente en el primer título, donde era necesario recoger pequeñas bolas brillantes y mágicas para recordar. De nuevo, Coldwood utiliza la luz como metáfora del recuerdo, pero esta vez tu misión no será reencontrarte con ellos, sino que sean ellos quienes te guíen y te cuenten una historia.

De nuevo, Coldwood utiliza la luz como metáfora del recuerdo, pero esta vez tu misión no será reencontrarse con ellos, sino que sean ellos quienes te guíen y te cuenten una historia

Esta forma de ver los recuerdos es justamente la columna vertebral que diferencia ambos títulos de la saga. Mientras en Unravel recorremos de nuevo el hilo de la vida para poder recordar lo que nos ha conformado como personas, en Unravel Two la amistad que nos une es la que nos guía para conformar recuerdos y para superar cualquier adversidad.

Viaje para los sentidos

Una vez más, Coldwood nos presenta una fotografía muy real de los paisajes que conforman la belleza de su país natal: Suecia. El estilo fotorealista conjugado con el toque de color de las lanas, presentan un contexto idílico, casi mágico que, sin embargo, sigue atando al jugador a ese componente de realidad.

Una de las razones por las que esta alegoría de la realidad funciona tan bien es la iluminación de los escenarios que está cuidada al milímetro. Así, aunque lo que recorremos sean  escenarios en 2D, la sensación entorno a la jugabilidad es que estamos inmersos en un espacio que ocupa perfectamente las tres dimensiones.

Indispensable para este viaje es una banda sonora que se integre a la perfección y  Unravel Two lo consigue, de nuevo gracias a Frida Johansson y Henrik Oja. La mezcla de melodías que emanan de violines, los instrumentos de viento más toscos y las inconfundibles gaitas, produce en el jugador una sensación de estar avanzando por un recóndito paraje que, sin embargo, tiene sabor a hogar.


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