Analisis de Ape Out

Me encantan las propuestas originales. Tal vez suene a “fanboyismo” pero Devolver Digital no deja de sorprenderme con los juegos que ha estado publicando últimamente. Ape Out es justamente uno de esos títulos, debido a que representa un claro ejemplo de cómo un videojuego bien pensado y diseñado no necesita de una gran superestructura para sobresalir. Correr, escapar, golpear, machacar y partir a quien se ponga delante, al son de un solo de batería casi infinito; uno que solo podría haber salido de un excelso percusionista de la talla de Buddy Rich. Este es la historia de un gorila en cautiverio que busca su libertad.

Gabe Cuzzillo (Creador de Foiled), Bennett Foddy (Famoso por su “Getting Over It”) y Matt Boch (Ex director creativo de Harmonix Music Systems) han dado lo mejor de sí para que Ape Out sea lo que es: Un videojuego sumamente sencillo pero trepidante, que nos mantendrá con las pulsaciones a mil por hora y apelará a nuestro instinto animal al momento de decidir con el fin de garantizar la supervivencia. Dicho de este modo, quizá suena a que estamos frente a la obra magna del mundo del gaming, y si bien no lo es, es imposible negar que el equipo de desarrollo ha logrado muchísimo con muy poco.

Ape Out es ni más ni menos que una propuesta original, enmarcada en un contexto propio, que de algún modo recuerda a otras obras pertenecientes al mismo género. Básicamente encarnamos a un inmenso y poderoso Gorila (o a varios, según se quiera ver), hambriento, pero no de plátanos sino de ¡Libertad! Todo esto se traduce en una desesperada búsqueda, donde nuestro protagonista no dudará en hacer uso de su fuerza para desatar un festín hemoglobínico con el fin de librarse de sus carceleros. Es un smash em´up que fluye orgánicamente, donde el virtuosismo del jazz enmarca la desesperación y la brutalidad desmedida. Salvando las distancias, podría decir que es como Hotline Miami pero con un mono.

A decir verdad, entre Ape Out y el desarrollo de Dennaton Games pueden hallarse varias similitudes: En ambos juegos la vista es cenital (mejor conocida como “vista de pájaro”), ambos son sumamente sangrientos, rápidos y frenéticos, pero por sobre todo, muy adictivos. Pero hasta aquí las inevitables -y en algunos casos, odiosas- comparativas. Gracias a un diseño artístico complejamente simple, una banda de sonido increíble y mecánicas extremadamente sencillas, la creación de Cuzzillo y compañía, ostenta una personalidad muy marcada y única.

Ape Out se divide en cuatro escenarios que están representados por discos de vinilo, específicamente de Jazz, consistentes con la naturaleza del juego. Cada uno de estos LP se compone por dos lados, A y B, con cuatro pistas que constituyen sus niveles. El primer disco (Subject 4) tendremos que escapar de un laboratorio científico, en el segundo (High Rise) de un rascacielos, el tercero (Fugue) nos lleva a huir de una instalación militar y en el último (Adrift), de un zoo. Como notarán, el objetivo siempre es el mismo: Escapar. Sin embargo, la variedad de los entornos, la creciente dificultad y el hecho de que cada nivel se genere aleatoriamente, hace que cada partida sea ligeramente diferente. Además, cada escenario tiene musicalización específica, enemigos diferentes y situaciones que nos hacen dar cuenta de que la violencia no siempre es la respuesta cuando la prioridad es la libertad.

Lo primero que he notado es que es muy fácil familiarizarse con los controles, puesto que tan solo contamos con tres acciones: Moverse, acción que se explica por sí sola. Empujar, lo cual nos permite lanzar violentamente contra los muros a los enemigos que quedarán convertidos en una especie de papilla sanguinolenta. Agarrar, sumamente útil para recoger y arrojar objetos contundentes, o para usar personas como armas o escudos humanos. Es llamativo y/o interesante como con tan poco, un videojuego se las puede arreglar perfectamente para ser variado, divertido y no caer en el pozo de la repetitividad.

Y es que sucede que con tan solo presionar dos botones y mover un Stick (en caso de que como yo, jueguen con mando), el juego nos obliga a exprimir al máximo las habilidades del protagonista. Pero no sólo eso, sino también explotar las posibilidades que los entornos ofrecen. Por ejemplo, en uno de los escenarios debemos escapar de un rascacielos, con lo cual en vez de empujar a los enemigos contra los muros, los podemos arrojar por la ventana para decorar el pavimento con su sangre. En otro nivel, el que transcurre en el Zoo, podemos romper jaulas que aprisionan a otros animales para que desquiten su rabia con los guardias y estos se distraigan disparándoles a ellos… Ahora que pienso, esto último tal vez suene Maquiavélico, pero bueno nuestro objetivo es escapar, así que podría decirse que “el fin justifica los medios”. Podría seguir citando ejemplos, pero creo que se entiende por donde voy.

En fin, al margen de poder reventar a cuanto enemigo veamos hay que tener en cuenta que, tal como he dicho, la violencia no siempre es la respuesta. Por muy poderoso que sea nuestro querido gorila, no es indestructible y con tan solo tres disparos morirá debiendo comenzar el nivel nuevamente. La enseñanza que esto me dejó es que en Ape Out no hay que matar para ganar o para hacer “high scores”, sino que hay que jugar de forma inteligente. Es decir, el juego obliga a pensar rápido y a tomar decisiones en fracción de segundos. Pasar por alto una refriega innecesaria, puede marcar la diferencia entre vivir o morir. El título ofrece un delicado equilibrio entre secuencias de acción y sigilo, donde hay más de una forma de encarar cada nivel.

Debo reconocer que no soy muy fan de lo procedural, especialmente en lo que a mapas respecta. Cuando se deja todo en manos de la aleatoriedad cosas extrañas suceden. Sin embargo, aquí el factor procedural es tan, pero tan sutil, que hay momentos en que me quedé pensativo y con la sensación de si algo había cambiado o no. Los cambios en los escenarios son pequeños y con el ritmo frenético que el juego impone, es difícil darse cuenta de que una puerta ya no está en el mismo sitio que antes, o que de repente donde antes había un pasillo ahora hay una pared. Donde realmente se cae en cuenta de estos detalles es al morir, ya que se nos enseña el nivel en toda su extensión, con una línea blanca que marca el recorrido realizado.

Otro punto a destacar es la cantidad de detalles que se pueden apreciar y que además tienen incidencia en la partida. Leer el contexto hace que de forma gradual nuestras reacciones sean cada vez más cronometradas. Cada enemigo tiene su propia velocidad, su propio patrón de movimiento y manera de actuar. Por ejemplo, algunos se quedarán congelados por el miedo durante unos segundos cuando nos ven, mientras que otros reaccionan de forma sumamente agresiva. Por otra parte, de los escenarios también se pueden hacer lecturas, ya que como dije, podemos aprovecharlo a nuestro favor de muchísimas formas. Este factor afecta en gran medida a la creciente curva de dificultad, logrando que mejorar no sea en base a “ensayo y error”, sino a actuar mediante el ejercicio de la memoria instintiva.

Parece mentira que teniendo un apartado técnico tan minimalista, un conjunto de siluetas e ilustraciones bastante sencillas se traduzcan en algo tan funcional y legible. En este aspecto se nota un diseño inteligente, haciendo que el jugador no distraiga su vista en un conjunto de sprites detallados, sino en lo que realmente importa, en aquello que es fundamental para superar una etapa. La velocidad de juego, el vértigo que imprime cada nivel, la sensación de agobio, de estar atrapados y esa imperiosa necesidad de escapar es única y se acentúa con la perspectiva, debido a que solo vemos una porción del escenario. Es decir, no podemos saber que nos aguarda adelante o a la vuelta de la esquina, puesto que el manejo del campo visual es bastante particular. Para que se entienda, el piso por donde nos movemos funciona como una especie de punto de fuga de una perspectiva muy alta, haciendo que las paredes se extiendan en diagonal hacia arriba, generando un efecto frenético a la par que extraño.

La estética en general de Ape Out es de corte vintage, aderezada con una iconografía exquisita que remite a la utilizada por Saul Bass en algunos de los carteles que realizará para las películas del célebre Alfred Hitchcock. El apartado visual se complementa con hermosas variantes de luces y colores saturados donde ciertos objetos específicos como puertas, vidrios, sangre y enemigos destacan en contraste.

Para el final, guardé lo mejor. Puedo aseverar sin temor a equivocarme que la música de Ape Out es la frutilla del postre. La banda de sonido se compone de melodías jazzeras donde hay un claro predominio de tambores ¿Qué es lo interesante de esto? Que es reactiva a las acciones del protagonista. Se siente como si nuestro monito fuera el percusionista de la banda, siendo él quien impone el ritmo, el tempo y la intensidad de la música. Los tambores acompañan los pasos del gorila, mientras que platillos y timbales comienzan a sonar con cada enemigo muerto. Escapar del cautiverio, el juego lo transmite como un fabuloso solo de batería que va in-crescendo ¡Y se siente espectacular! Los cambios de ritmo, los contratiempos, la forma en la que la percusión se traduce, hacen que siempre estemos sentados prácticamente al borde de la silla a causa de la tensión. Realmente es digno de elogio lo conseguido en este apartado.

Claro que no todo es perfecto en Ape Out, porque en ocasiones la inteligencia artificial falla y los enemigos se comportan raros, o de repente aparecen demasiados debido a lo aleatorio de los niveles. No obstante, el desafío siempre se siente justo y llegar a los créditos finales no tomará más que dos o tres horas. Tal vez la duración sea escasa y ello sea un factor limitante para quienes busquen experiencias que se prolonguen durante una mayor cantidad de tiempo. De todos modos he de agregar que el juego cuenta con modos extra además de la posibilidad de re-jugar los discos con un mayor nivel de dificultad. Por último, cada “pista” se puede jugar en modo arcade, intentando conseguir el mejor tiempo, compitiendo con usuarios de todas partes del mundo.

En definitiva, Ape Out es una grata sorpresa. Un videojuego concebido de forma inteligente, brillante y refinada. Si bien no posee una historia profunda, su narrativa contextual es más que suficiente para transmitir un poderoso mensaje: Libertad. Cuzzillo, Foddy y Boch han sabido combinar sus talentos para lograr una jugabilidad adictiva, fácil de comprender pero difícil de dominar, que nos mantendrá constantemente atentos a lo que sucede en pantalla, obligándolos a pensar y decidir sobre la marcha, mientras intentamos no caernos del asiento. Un gran ejemplo de que con creatividad e imaginación, todavía pueden hacerse videojuegos geniales.

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