Cuando Kingdom Hearts se hizo realidad

Devuelveme las llaves de la Moto

Nomura dedicate a la ilustración. Esta quizás sea una de las frases que más repitió la voz de mi cabeza cuando acabé Kingdom Hearts III. Quince años han pasado desde que se sacara la segunda parte de esta saga que ha sumado un club de fans bastante extenso entre los que, lógicamente, me incluyo, y puedo asegurar que no ha logrado -ni de lejos- cumplir con las expectativas.

Siendo feliz en el trabajo con mi edición Deluxe

A principios del año pasado fui corriendo a mi tienda especializada en videojuegos -que no me paga y por eso no la nombraré- y reservé, antes que nadie, mi Kingdom Hearts III. En ese instante, un papel, que en varios meses se habría borrado, me hizo inmensamente feliz. Al fin estaba más cerca de conocer qué había ocurrido con Sora, Riku, Kairi, Aqua, Ventus y Terra. Durante ese año me propuse pasarme todos los juegos de la saga, tanto a modo de recordatorio como porque había algunos, como el Birth By Sleep, que jamás había tocado.

No conseguí ni la mitad de lo que me había propuesto pero la intención es lo que cuenta.

A medida que jugaba y aparecían nuevas noticias, el hype iba en aumento. Entonces Tetsuya Nomura anunció una fecha: 29 de enero de 2019. Quedaba lejos, pero no demasiado. Empezaron a filtrarse los mundos de Disney a los que viajaríamos, el eje fundamental sobre el que se sustenta la jugabilidad del título. El Olimpo (Hércules, 1998), Francistokyo (Big Hero 6, 2014) o Corona Kingdom (Enredados, 2010), fueron algunos de los primeros. A la lista se unió más adelante Arendelle (Frozen, 2013), Monstruos S.A (Monstruos S.A, 2001), El Caribe (Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo, 2007) o ToyBox (Toy Story, 1995). A ellos, además, se unieron un par de personajes Disney: Remi (Ratatuille, 2007), Ralph (Rompe Ralph, 2012), Simba (El Rey León, 1994), Stitch (Lilo y Stitch, 2002) y Ariel (La Sirenita, 1989), pero solo como invocaciones.

La emoción realmente estaba por las nubes y, a medida que se acercaba el día, más. Alguna amiga, en su escepticismo, me llegó a decir que no se lo creía y que el juego acabaría por no salir. Habíamos sido engañados muchas veces así que entiendo su reacción. Pero al final se lanzó al público y, quizás, si mi amiga hubiera tenido razón, hubiera sido lo mejor. El 29 de enero corrí a mi tienda especializada. El dependiente me reconoció nada más entrar. “Aquí te lo tengo preparado”, me dijo mientras aún cruzaba el arco de la puerta. Casi volando llegué al mostrador con mi copia deluxe por la que pagué la friolera de 89 euros. Pero valía la pena, llevaba mucho tiempo esperándolo, o eso creía.


Ay Disney de mis amores

Ay Disney de mis amores

Kingdom Hearts III empieza muy bien. Contra todo pronóstico, El Olimpo es bastante entretenido. La historia -que se basa en el final de Hércules- está muy trabajada y los escenarios te trasladan justamente a ese entorno de batalla final entre humanos, dioses y titanes. Se trata de un tutorial del juego, donde nos muestran las nuevas mecánicas (como escalar paredes) y en el que se regodean en la maravilla de gráficos de las consolas de nueva generación.

Quizás porque es el principio o quizás porque llevaba mucho tiempo esperándolo, pero el caso es que no me molestó en absoluto que prácticamente la mitad de esta introducción fueran cinemáticas. Me pareció lento, pero pensé -oh pobre de mí- que era normal en el principio de un juego. Más tarde me di cuenta de que es la tónica que sigue todo el título. De hecho, me atrevería a decir que en las poco más de 30 horas de juego (sin completar al 100%), la mitad la pasas jugando y la otra mitad en el cine.

“Me atrevería a decir que en las poco más de 30 horas de juego, la mitad la pasas jugando y la otra mitad en el cine”

Aún con todo esto, pude llegar al segundo mundo. La nave gumi nunca me ha convencido, ni en los primeros juegos ni en este. Quizás es que para construir cosas prefiero Minecraft, qué sé yo. Aunque en este título, los traslados en nave gumi me resultaron más llevaderos -puesto que no puedes evitar el minijuego de ninguna manera-, en definitiva siguen siendo un coñazo. La única novedad que introduce el tercer título de la saga es un lugar más amplio donde perderte.

A lo que iba, segundo mundo: Toy Box. ¡Qué maravilla! De los mejores. Te adentras en el cuarto de Andy, puedes subirte al tejado de su casa, ver el jardín y recorrer a tus anchas la tienda de juguetes. También hay nuevas mecánicas de lucha y, en definitiva, puedes pasar un rato bastante entretenido y agradable. Los personajes y sus personalidades, además, están bien construidas. Minipunto para Nomura.

Tenía muchas ganas de llegar al mundo de Rapunzel, quien por cierto es maravillosa. Bajita, eso sí. El mundo te atrapa desde el primer instante con su colorido, sus paisajes y sus personajes. De nuevo, vuelve a convertirse en una delicia de mundo, muy divertido de jugar y aún lo es más con la llave espada de Toy Story. Pero… (aquí empezaron los peros) ¿de verdad lo único que podía hacer Nomura para justificar que el mundo fuera “más grande” era que Sora, Donald y Goofy tuvieran que recorrer una extensión de bosque infinito? Acaba siendo guay porque después me muestras el castillo, pero Nomura, el bosque… te lo podrías haber ahorrado.

Pasamos a Monstruos S.A, un mundo que también destaca en animación, diseño de personajes y escenarios. No obstante, es muy flojo en cuanto a historia, que acaba siendo muy tediosa, y construcción de personajes, que carecen de cualquier tipo de volumen. Este fue el mundo en que me empecé a temer lo peor: me estaba empezando a aburrir.

Arendelle. ¡Qué ganas tenía de ver el mundo Frozen! No puedo ocultar que mi fanatismo por la película me obligó a disfrutar como una niña de este mundo, sin embargo mi ser racional y objetivo me lleva indudablemente a la conclusión  de que es incluso más tedioso que Corona Kingdom. La mayor parte del mundo, Sora se lo pasa recorriendo grandes extensiones de nieve… y encima en manga corta. Nos muestran un castillo de hielo que no es el de Elsa y, para mi desgracia, nunca llegas a pisar el castillo de Arendelle. También, sin mucho sentido – aunque debo admitir que soy fan- cantan. Sí, este es el primer título de la saga en el que un personaje de Disney entona alguna melodía a pesar de ser la máxima de todas las películas de la empresa del ratón. ¿Era necesario y está justificado? Tengo mis dudas.

Nomura ha intentado de nuevo meter con calzador el mundo de Winnie de Pooh, aunque, en esta ocasión, resulta hasta insultante. Es muy bonito y lo que quieras, pero nos han colado tres minijuegos de Facebook para conseguir una llave espada. Menuda jeta….

“Muy bonito y lo que quieras, pero nos han colado tres minijuegos de Facebook para conseguir una llave espada”

Pasemos al que yo diría que es el peor mundo de todos. Creo que, además, hay gente que coincide conmigo. El Caribe nos muestra la trama de Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo. De nuevo nos reunimos con Jack Sparrow, Will Turner y, una muy deformada, Elisabeth Swan. Si este mundo se hubiera quedado tan solo con las peleas bajo el agua como su principal novedad, lo hubiera disfrutado el triple. Pero no, Nomura nos tenía que subir a un barco para jugar a Hundir la Flota. Que alguien me explique cómo va a ayudar a Sora a convertirse en maestro de la llave espada el jugar a hacer carreras de barquitos.

Llegamos al último mundo Disney: San Fransokyo. O como lo he bautizado: del garaje a la ciudad. Porque no hay más. La ciudad ciertamente es muy extensa, y las misiones son entretenidas. Pero no puedo dejar de notar que se podría haber aprovechado más.

¿PERO ESO DE QUÉ VA?

Quien diga que conoce la historia de Kingdom Hearts al dedillo, miente. Como consejo, no te fies de esa persona. Con este último título me he dado cuenta de que, ni siquiera Tetsuya Nomura sabe lo que está escribiendo. Después de varios muchos juegos en los que intenta explicar la historia de la luz y la oscuridad a través de corazones y cerraduras, Nomura se ha liado y tampoco me sorprende. La trama es extensa y, a menudo, enredosa. Considero que el creador ha buscado una solución rápida y fácil para cerrar todos los arcos argumentales de una vez, lo que deriva en conclusiones injustificadas en la mayoría de los casos. 

“Con este último título me he dado cuenta de que, ni siquiera Tetsuya Nomura sabe lo que está escribiendo”

Olaf nos representa a todos los que hemos jugado KHIII

Cuando teníamos 15 años, las pinceladas que Nomura nos daba sobre el amor fraternal y romántico, la amistad, la oscuridad o la luz, tenían un peso suficientemente grande para implosionar la cabeza de un adolescente. Pero esa misma argumentación, 10 años más tarde, se cae por su propio peso y saca a la luz una realidad por la que todos queríamos luchar: Kingdom Hearts no ha crecido con su público. Y queremos luchar contra esto porque los seguidores del juego son unos de los más apasionados que existen. Nomura no ha sabido, en este sentido, cuidar a su audiencia y encima se regodea afirmando que pronto nos podremos gastar aún más dinero para jugar a sus DLCs.

Aún así, y a pesar de que hay huecos insalvables en el guión de Kingdom Hearts III, te los comes con papas porque es tu juego favorito. Sin embargo, la cosa empieza a no tener sentido a medida que avanzas en el juego, y esta falta de rigor se hace especialmente palpable al final. A lo largo del devenir de esta saga, Square Enix nos ha acostumbrado a finales inesperados. Unas conclusiones narrativas que siempre acaban dando una vuelta de tuerca al devenir del juego. Pero en este título, los giros de guión resultan hasta ridículos. No obstante rompo una lanza por el próximo título ya que, el final final, el que nos muestran tras los créditos, arroja un pequeño rayo de esperanza. 

BOSS FINAL, YOU SURE?

Nunca he sido de ponerme la dificultad más alta. Soy honesta, no voy a poder pasarme el juego si un jefe final me mata más de 6 veces. Sin embargo, el nivel de dificultad de Kingdom Hearts III, en comparación con los títulos antecesores, es insultante. No creo que esto se deba a un bajo nivel de los enemigos, sino más bien a que el conjunto de habilidades de Sora (las que se accionan con el triángulo en PS4) provocan que las batallas no sean un desafío.

Las batallas, que a medida que rozamos el final se van volviendo más interminables, son extremadamente fáciles, incluso para el nivel normal. La mezcla de la magia potenciada, los ataques de ayuda de Donald y Goofy, las transformaciones de las llaves espada y las atracciones, son letales para los bosses, con los que podremos acabar de apenas un plumazo.

Cierto es que Tetsuya Nomura nos da la opción de bloquear la subida de nivel -para que no adquieras experiencia- o de elegir un nivel mucho más difícil. Pero hasta los más atrevidos coincidiarán conmigo en que la dificultad no es ni de asomo la misma que la de KHI o KHII.

En cuanto a los nuevos comandos, las transformaciones de las llaves espada, así como el diseño de las mismas, me parecieron muy interesantes y divertidos. Disfruté como una niña haciendo uso de estas armas. Una virtud que desafortunadamente queda empapada por las cansinas atracciones. Una posibilidad de combate aburrida y repetitiva.

MINIJUEGOS, MINIJUEGOS EVERYWHERE

En toda la saga ha habido minijuegos, es una de las partes favoritas de Nomura. Los recorridos entre mundos en nave gumi vuelven y lo hacen en un espacio mucho más abierto. De nuevo podemos construir, mejorar y jugar a matar marcianitos con nuestra nave; y, por primera vez, no es lo peor del juego.

“De nuevo podemos construir, mejorar y jugar a matar marcianitos con nuestra nave; y, por primera vez, no es lo peor del juego”

A Nomura se le ha ido la olla, ha empezado a poner minijuegos por doquier, algunos de ellos necesarios para conseguir logros que afectan la historia (véase el Candy Crush de Winnie the Pooh). En Kingdom Hearts III tendremos el dudoso honor de poder jugar a una consola retro, cocinar con Remi (Ratatouille) o buscar y fotografiar símbolos de Mickey Mouse.

Y aunque algunas de estas iniciativas son interesantes, como la de los portafortuna, la mayoría ocupa un espacio de juego que bien podría haberse cambiado por un mundo más o un guión con menos agujeros. Viendo esto, puedo afirmar que los esfuerzos del equipo de Square Enix no se dirigieron hacía donde tenían que hacerlo.

Chim pum

Como en todo, hacer las cosas deprisa y corriendo es lo que tiene. Da la sensación, desde el puesto de una espectadora más, de que la crisis fue un varapalo para Square Enix. Tuvieron que parar el desarrollo, no solo de este juego sino también de Final Fantasy XV, y está claro que no han sido 15 años productivos. Lo anunciaron demasiado temprano, lo tenían diseñado para PlayStation 3 y antepusieron su otro título a este. Tras haber jugado a Kingdom Hearts III, me quedo con la sensación de que Square Enix diseñó un principio con mucho mimo e, incluso, en esa etapa, llegaron a pensar cómo sería el final. No obstante, y lo que se refiere al nudo del título (los mundos), se les echó el tiempo encima.

Quizás es que soy una nostálgica, pero eché de menos que Kingdom Hearts III me impactara tanto como sus predecesores. Quizás es que después de 15 años y una campaña de marketing inmejorable, mis expectativas estaban por las nubes. Quizás tendría que mirar el juego con la mente de mi yo adolescente.

No sé qué es lo que no cuajó, pero tengo muy claro que si este juego hubiera sido el primero, no estaríamos hablando ni de una saga.

NDR: Como bien saben nuestros lectores, en Gamika no ofrecemos notas para calificar los videojuegos. Pero en este caso el chasco y la decepción de nuestra redactora ha sido tal que si tuviera que medirlo sería un 6 sobre 10.

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