Hemos tenido una idea. Se nos ha ocurrido, ya que somos unos cuantos en la web, ponerle tarea a todos. Y qué mejor que pedirles a cada uno de los miembros y colaboradores actuales de nuestra web que nos comenten cuáles son los cinco videojuegos más importantes o que más les han marcado en su vida.
Algo que han recibido con los brazos abiertos. Eso sí, avisamos de que es un poco caótico, porque si bien les hemos dejado unas pequeñas directrices, a algunos simplemente les ha podido la ilusión de recordar esos juegos y se han explayado más de la cuenta. Pero aquí no somos de coartar la visión de nuestros autores, por lo que dejamos íntegros todos y cada uno de sus párrafos.
Hecho el preámbulo pertinente, os dejamos con los cinco juegos de nuestra vida. Disfrutad.
Alvaro DGUEZ
En lo que sigue menciono, muy brevemente, cinco juegos que me han marcado a lo largo de mi vida. Los motivos por los que cada juego ha sido elegido son muy variados. Algunos están ahí por recordarme viejos tiempos, mientras que otros por los amigos que me han dado.
El orden no es cualitativo: no significa que el primero sea mejor que el último, ni al contrario. En realidad es un orden cronológico: el orden indica cuándo entró cada juego en mi vida.

Counter Strike 1.6
Cuando estaba en el colegio, mis amigos y yo teníamos la costumbre de reunirnos los sábados en un ciber cercano para jugar. Éramos un grupo de 10/12 niños que llegábamos sobre las 16 de la tarde y nos íbamos a la hora del cierre. Siempre jugando al CS 1.6–y al Warcraft III. Nuestra “pasión” por este ciber llegaba al punto de que organizábamos ahí los cumpleaños sólo por pasar más horas jugando al CS. Good old times.
Imperium III
El Imperium III fue el primer juego de ordenador que tuve. Recuerdo volver del colegio a las 17.00 de la tarde y repetir, una y otra vez, el desafío de Roma de Aníbal con los elefantes. Era espectacular. También podía estar horas y horas (y más horas…) tratando de conquistar las bases germanas con Marco Aurelio.


Prince of Persia: the Sands of Time
Recuerdo cuando Melchor, Gaspar y Baltasar me trajeron la Ps2 con El Príncipe de Persia. En esa época no tenía ninguna Memory Card, así que tenía que empezar (siempre) el juego desde cero porque no podía guardar partida ni dejar la consola encendida toda la noche. Hace poco lo jugué de nuevo en ordenador y recordaba algunas de las secciones del inicio–una locura.
Slay the spire
¿Sabes cuando tienes un juego tan mecanizado que puedes jugar sin mirar? ¿Ese juego que es un “safe place” cuando no tienes nada que hacer? Pues eso es el Slay the Spire para mí. Tengo incontables horas en el juego y he mecanizado todas las estrategias y cartas que hay. Tengo miedo de que el Slay the Spire 2 me absorba la vida tal y como lo hizo el primero.


League of Legends
Pese a nunca haber sido bueno, y haber dejado de jugar hace mucho (de todo se sale!), el juego me ha dado cosas positivas–aunque no sean ni una décima parte de los malos ratos que he pasado con esta penitencia llamada League of Legends. Pasé incontables tardes de verano después de haber acabado el instituto jugando con mis amigos, noches en las TLPs “jugando” como un zombie, y fines de semana de resaca en la universidad pegado a la pantalla. Todos esos días los recuerdo con cariño. También me ha dado personas: amistades que surgieron por un encuentro random en una partida y, sin esperarlo, se convirtieron en parte de mi grupo cercano de hoy en día.
Lenko
Hoy hemos venido a ponernos serios y a hablar de “los juegos de nuestra vida”. Así que no voy a hablar de los mejores, o los que más me gustaron, sino de aquellos que durante mucho tiempo se quedaron conviviendo en mi cabeza. A cualquiera de la lista puedo volver siempre y sentirme como en casa.
En estricto orden cronológico:

Civilization II
Cuando descubrí el primero me fascinó, pero… ¡tenía tantas cosas injustas! Lo jugué, incansablemente, hasta que publicaron la segunda parte, que solucionaba muchos de esos problemas, y era más amigable. Después, el III y el IV refinaron aún más una idea que también brilló con el Colonization o el Alpha Centauri. Larga vida a Sid Meier.
Half-Life
El juego que más he jugado sin jugarlo. En una época un poco alejada de los videojuegos, un día entré en un Centro Mail y compré una edición doble con el HL y el Counter Strike. Instalé el Counter y jugué unas horas. Me dio curiosidad y busqué una web sobre mods del Half-Life y ahí se me abrió un mundo maravilloso y gigantesco. Day of Defeat, Ricochet, Team Fortress Classic, Natural Selection, Sven Coop… la lista era enorme. Casi cada día salían juegos nuevos y versiones actualizadas. No había tiempo para aburrirse y siempre jugadores dispuestos en cualquier servidor.


Guild Wars
Jugué mucho a los Warcraft originales y a MUDs, así que cuando apareció World of Warcraft me moría de ganas de suscribirme. Pero me echaba para atrás la mensualidad porque en esa época disponía de muy poco tiempo libre. Pronto descubrí un título que tenía una aproximación diferente: era multijugador, pero no tanto. Se llamaba Guild Wars y prometía que solo hacía falta comprar el juego, y no había que pagar nada más. El truco estaba en que las zonas comunes, como las ciudades, bullían de gente, pero cuando salías a una misión solo podías hacerlo en grupos de pocos jugadores. De forma transparente uno hacía de servidor y así reducían muchísimo los gastos. Resultó que, además, era un gran juego, así que me pasé un año y medio disfrutando casi sin parar. Veinte años después todavía alguna vez entro para echar un rato, y ellos mantienen su promesa.
The Witcher III
Descubrí The Witcher escuchando un extinto podcast. Me gustó tanto lo que contaban que paré lo paré, antes de comerme un spoiler, y busqué la novela en la que decían que se basaba. Resultó que no era una, sino siete, y tardé algunos años en leerlas todas. Así que cuando, finalmente, me compré el juego era ya la versión GOTY. Después vino el 2, que estaba bien, pero… ¡ay, la tercera! Cuando ese mundo apareció en mi ordenador nada volvió a ser igual. Esos paisajes, los campos golpeados por el viento y la lluvia, unos pájaros que bailaban sobre las nubes, esa torre que aparecía a lo lejos… Toda una fábula.


Dead Cells
Por último, y representando a todos los maravillosos metroidvanias de mi vida, hablaré de mi mejor inversión. Compré Dead Cells en early access. Me gustó desde el primer día. Era divertido, variable, difícil, justo y rítmico. Perfecto para media hora de diversión en cualquier momento. Cada poco salía una versión nueva y cambiaban medio juego, o añadían nuevos niveles, o mejoraban los enemigos, o se inventaban un nuevo sistema de magia. Cuando por fin salió la versión definitiva sentía que había disfrutado de 4 o 5 juegos diferentes. Sigue siendo tan divertido hoy como el primer día.
REGIK
Desde que tengo memoria, los videojuegos siempre han estado ahí. Puede pasar el tiempo, pero siempre habrá un momento para poder coger un mando y darle a un botón para ver que hace ese personaje en el que me transformaré por un tiempo, abstrayéndome del mundo real. Si hoy en día leo libros, veo películas, juego a rol, hago deporte o simplemente mantengo una conversación, es gracias a los videojuegos.
A continuación, te dejo los 5 juegos sin orden específico que para mi son siempre mi refugio, juegos a los que siempre trato de volver al menos, una vez al año.

Dishonored
La saga Dishonored dejó una marca imborrable en mí desde el primer momento en que la jugué. Su capacidad de ofrecer una libertad absoluta para alcanzar los objetivos de diversas maneras me sorprendió, permitiéndome explorar múltiples caminos y soluciones en cada misión. Cada decisión parecía tejerse perfectamente en una historia de traiciones que, con cada giro, me mantenía en vilo. La narrativa, cuidadosamente construida, resonó con una intensidad que pocas historias logran, y su combinación con la jugabilidad hizo de Dishonored una experiencia que jamás olvidaré.
Final Fantasy X
Este juego me marcó de una manera muy especial cuando lo jugué en mi infancia, en la querida PS2. Recuerdo soltar el mando en varias ocasiones, las emociones que me provocaba eran tan intensas que no podía evitar tomarme un momento para asimilarlas. Incluso hoy con solo escuchar la banda sonora, las escenas vuelven a mi mente con una claridad pasmosa, sacándome una sonrisa. Final Fantasy X supo combinar magistralmente la fantasía, la épica, el romance y la tristeza, creando una historia que siempre llevaré conmigo.


Cyberpunk 2077
Aunque Cyberpunk 2077 tuvo un lanzamiento lleno de tropiezos, su narrativa, historia y personajes son tan buenos que no pude soltar el mando durante horas. Cada uno de los juegos de esta lista trato de rejugarlos una vez al año, pero con Cyberpunk 2077 ha sido diferente: en lo que va de año, ya lo he jugado tres veces. Siento una especial debilidad por las historias que se cuentan a través de personajes, y la historia de V, en cualquiera de sus orígenes, ha valido cada minuto de mi tiempo. Pese a sus problemas iniciales, este juego me demostró lo que una gran narrativa puede lograr.
Bloodborne
Aunque Demon’s Souls fue mi primer acercamiento a los juegos de la saga Souls, y siempre le tendré un cariño especial por ello, debo admitir que, para mí el más completo es Bloodborne. Este juego consigue mezclar a la perfección los mitos de Lovecraft con la poesía oscura de Poe, dando vida a una Yharnam que se siente como una auténtica pesadilla, llena de horror en cada esquina. From Software, fiel a su estilo, logra crear una atmósfera única, y aunque su narrativa siempre es críptica y tosca, el sello de calidad es merecido. Bloodborne no solo es un juego, es una experiencia que te acaba transformando en algo que no quieres, pero no sabías que deseabas.


Hollow Knight
A estas alturas, no sorprenderé a nadie al decir que Hollow Knight es, para mí, el juego perfecto. Podría dedicarle un artículo entero solo para hacerle justicia. Aunque no innova en ningún aspecto particular, tomando inspiración de la narrativa de los Souls y bebiendo de los clásicos Metroidvania, todo lo que hace, lo hace de manera sobresaliente. Desde su diseño de niveles impecable, hasta sus personajes memorables y las épicas batallas contra los jefes finales, cada aspecto está cuidadosamente pulido. La atmósfera que crea es tan envolvente que es imposible no dejarse atrapar. Hollow Knight no solo es mi juego favorito, es una obra que marcó un antes y un después en mi experiencia como jugador, y lo seguirá siendo por mucho tiempo.
Javier Almenara
Desde que tengo memoria, los videojuegos han sido una constante en mi vida. Han sido un refugio, una pasión y, en algún momento, hasta parte de mi trabajo. A lo largo de los años, he jugado incontables títulos, pero solo unos pocos han dejado una huella imborrable en mi corazón. Estos son los 5 juegos que, para mí, definen mi viaje como gamer. Cada uno representa una etapa importante de mi vida, una mezcla entre gafapastismo y la rebeldía adolescente que nunca desaparece del todo.

Blade Runner
La película de Ridley Scott fue mi entrada al mundo de la ciencia ficción y, de paso, al género del cine negro. Años después, cuando Westwood lanzó el videojuego de Blade Runner, no dudé en hacerme con él el primer día. Esa aventura gráfica me hizo revivir la emoción de aquel niño que veía la película en su viejo VHS, solo que esta vez, con la oportunidad de sumergirme directamente en ese universo distópico. Es uno de esos juegos que te hace sentir como si vivieras una película.
The Last of Us (Parte 1 y Parte 2)
Sé que puede sonar como trampa juntar ambos juegos, pero para mí, son una historia completa. Naughty Dog creó una obra maestra que trasciende la simpleza de lo que muchos consideran un videojuego. Ambos títulos son prueba de que este medio puede ser un arte narrativo puro, tocando temas profundamente humanos. Desde la lucha por la supervivencia hasta la exploración del dolor y la venganza, The Last of Us es un viaje emocional que no me soltó desde el principio hasta el final.


Half-Life
Este es el juego que me cambió para siempre. Todavía recuerdo ese día en el insti cuando un amigo me prestó Half-Life. Llegué a casa lo instalé en mi PC y casi hago dejo frito mi ordenador después de 10 horas del tiron. Fue el primer paso en mi transición de consolas a ser un devoto jugador de PC. La revolución que Half-Life trajo al mundo de los videojuegos, especialmente en cuanto a narrativa en primera persona, marcó un antes y un después. Fue un punto de inflexión que definió mi amor por los juegos de ordenador.
Shadow of the Colossus
Hubo una época en mi juventud en la que, entre tantas fiestas y momentos con los amigos, dejé un poco de lado los videojuegos. Shadow of the Colossus fue el título que me devolvió al camino. Un amigo me lo prestó en un momento bajo, y fue como una revelación. Me enamoré tanto de su atmósfera, su narrativa minimalista y la increíble soledad de su mundo que, desde entonces, los videojuegos volvieron a ocupar un lugar importante en mi vida. Es una obra maestra que te llega al alma sin necesidad de demasiadas palabras.


Metal Gear Solid
En 1998, jugar a Metal Gear Solid fue una experiencia casi mística. Hoy en día, puede que muchos lo vean como algo manido, pero en su momento, la combinación de narrativa cinematográfica, acción táctica y el hecho de que estuviera completamente doblado al español, lo hizo algo único. La sensación de estar viviendo una película de acción mientras jugabas era algo nuevo y revolucionario para mi generación. Esta «Kojimada» nos impactó tanto que todavía se siente el eco de su influencia hoy en día.
MACK EFFECT

Sonic (Master System II)
A principios de los 90, un crio descubre un erizo azul que iba muy rápido y quedo completamente encandilado por la mascota de Sega. Desde ese momento, hasta el día de hoy, el interés por los videojuegos ha sido uno de los motores de mi vida–y es en parte gracias a este juego.
Starcraft/Warcraft 2
Sin tener un PC disponible, y gracias a un amigo, ambos juegos me fascinaron desde un principio. Sus mecánicas y sus respectivas historias (doblaje cutre de Starcraft incluido) me atraparon por completo, y consiguieron que me enamorase de Blizzard.


Half Life
Este juego, más allá de la gran calidad que tiene, fue revulsivo para mi vida como aficionado a los videojuegos por lo que supuso su modo multijugador en los Cibercafés de la época. Y, por supuesto, para todo lo que vino después y que tanto significó para la industria de los videojuegos (Counter Strike, Steam, etc.).
World of Warcraft
El «principio del fin» del Blizzard que me enamoró, que hizo popular el género de los MMO, y que, en mi caso particular, supuso mucha diversión y amistades que duran hasta el día de hoy.
Adictivo como pocos y con grandes historias.


Mass Effect (Saga)
Juego al que llegué tarde, pero que cuando lo probé no pude parar. Creo que es uno de los juegos que más he jugado y que hicieron que me aficionase mucho a la ciencia ficción. Una de las grandes sagas de su época (a pesar de EA).
Christopher Vegas

Super Mario Advance 3: Super Mario World 2 Yoshi’s Island
He notado que mi relación con los videojuegos está estrechamente relacionada con mi familia. El primer juego que alguna vez jugué fue Super Mario World 2–en la ahora vieja Game Boy Advance. Es el primer regalo de Navidad que viene a mi memoria, junto con el Toblerone anual que me daban mis padres en Navidad. Resulta irónico que haya completado el juego con 7 años y luego fallase de forma espectacular al intentar ‘emular’ la hazaña en mis 20 ‘s.
Counter Strike
Con los años, y como buen niño de inicios de este milenio, los ciber eran mi expansión de dominio. Sobre todo porque mi tía tenía uno que estaba anexado a la casa de mi abuela. La cantidad de horas que llegué a meterle al ‘counter’ (Counter Strike), pegando tiros junto a mi hermano y mi primo, no podía ser saludable para niños de 7-8 años (ni para el negocio, ahora que lo pienso).


The Elder Scrolls IV: Oblivion
Mi gran primo solía descargar juegos pirata cuando el internet y el torrent apenas entraban en mi conocimiento. En mi casa no hubo internet hasta entrados mis 12 años. Así que cuando mi primo dealer de juegos me soltó The Elder Scrolls IV: Oblivion… solo puedo decir que cambió completamente mi horizonte y la forma en la que empecé a consumir los videojuegos. Me enamoré de los paisajes de Cyrodiil, de la complejidad de Tamriel y poco a poco de todo el género RPG.
PD. Sheogorath es el daedra definitivo. ¿No concuerdas?
Juega el DLC de Shivering Isles.
Popurrí
Me gustaría seguir relacionando a mi familia, pero la verdad es que la mayoría de mi relación con el medio es muy personal.
Experiencias positivas con juegos recientes como Dark Souls, Hades, Ori and the Blind Forest, o Divinity 2: The Original Sin, se deben a distintas razones, pero a la vez tan refrescantes. Son juegos que se entrelazan con varios de mis gustos, como la mitología, el terror y la fantasía.


Madagascar
Sin embargo, me gustaría terminar por donde empecé. Mis horas de juego más memorables las compartí con muchos de mis amigos, pero es probable que los recuerdos más arraigados en mi mente son los del jefe final del juego de Madagascar, una adaptación de Activision para la PS2 de la película animada. Dudo que mi hermano lo recuerde, pero me encantaba cantar “Córrela, córrela pa allá… que el gatito lindo, hace mucho, no quiso matar».
Jefferson Rodriguez
Yo voy de lleno a lo mío, a estas alturas todos saben por dónde cojeo y esto va a ser una sorpresa para nadie. Aviso que no menciono los juegos por ningún orden en particular, solo según los recuerde y me apetezca realmente; lo único que todos tienen en común es hacerme feliz y hacerme sentir en casa.

Hearts of Iron 4
Qué decir de HOI4. Lo descubrí en una época que no podía ni pagar el internet de la casa y se lo robaba al vecino. Descargar el juego me costó varias horas. La cantidad de horas invertidas (pasando las 1700 en global desde el primer DLC hasta el último) y la cantidad de mods que puedes instalar, me ha acompañado por madrugadas enteras sin poder dormir. A estas alturas no sé cuántas veces he visto a Japón invadir Vladivostok–y sí, el mod de Fallout es mi segunda casa.
Metal Gear Solid 3
Lo compré en el equivalente a un mantero latino para mi PS2 chipeada. Cuando iba a casa de mis abuelos, o a pasar unos días con mis primos a la playa, me llevaba fijo el MGS3. Me lo he pasado en todas las dificultades y solo con la tranquilizadora. A día de hoy, en mi PSvita vive el cartucho de la HD collection puesto y preparado para ver a la jefa una vez más.


Metal Gear Solid V: The Phantom pain
No hay 2 sin 3 y no hay Venom Snake sin Big Boss. Montar a caballo por Afganistán mientras revientas campamentos militares tiene su encanto.
Un juego que se quedó a medias de lo que pudo haber sido y, aún así, siempre vuelvo a jugar y a descubrir algo nuevo. A meterme en el enredo que es la saga y llorar cuando me recuerdan que todos somos Diamond Dogs.
Minecraft
A mí también me gusta jugar tranquilo, con música de fondo, hacerme mis granjitas y montarme un casoplón como si fuese político. Minecraft es una constante en mi vida, un juego que siempre tengo instalado, y que un par de veces al mes abro aunque sea por avanzar algo en algún mundo que tenga–y, seguramente, asustarme con algún creeper.


Age of Empires 2
Tenía un IBM con un procesador Pentium que heredé de cuando mi padre actualizó su PC en el 2005. Podía jugar al Age of Empires y al Counter, y sinceramente, el AOE consumía mi existencia. Mi hermano me prestó su ordenador para jugar al AOE2, y desde entonces fue amor a primer “Wololo”.
El AOE2 causó mi amor por la historia (especialmente bélica) y, volviendo al inicio de este texto, lo que hizo que me enamorase de los juegos de gestión y guerra.
Jose M. Garcia
He de admitir que ponerme a reflexionar sobre esto fue mucho más complejo de lo que esperaba. Mi viaje por este medio abarca prácticamente todo y muchas de las experiencias vitales más importantes están directa o indirectamente relacionadas a un videojuego. Por eso, he decidido hacer un mini recorrido por cada etapa de mis 24 años de vida e intentar ligar un juego a una experiencia, hasta llegar a hoy. Estos no son mis juegos favoritos, pero sí son 5 juegos que recuerdo con cariño:

The Legend of Zelda: Skyward Sword
En casa solamente teníamos una única videoconsola, la Wii. Hasta ese momento, todo había sido simple y mis recuerdos se nublan demasiado, pero el día que The Legend of Zelda: Skyward Sword llegó, las reglas cambiaron para siempre. Mi hermano y yo nunca tuvimos problemas para compartir nada —a día de hoy sigue siendo más o menos igual—, pero hubo algo en este videojuego que me atrapó de tal manera que me convertí en un sucio acaparador. Recuerdo aquellas palabras de un buen amigo, que me prestó su Wii Motion Plus: “Cuando terminen las vacaciones, me lo devuelves”. Sé que no es el juego de la saga más alabado, pero supongo que fue aquel que me tocó “por edad” y, sinceramente, me enorgullece que sea así. Tardé todo el verano en pasármelo, tiempo en el que mi hermano prácticamente no tocó la Wii, lo que probablemente haya hecho que se separara un poco de los videojuegos —aunque él apenas lo recordará, espero—.
Bromas y desprecios aparte, le debemos mucho a Skyward Sword. Nintendo es conocida por llevar a cabo procesos de validación jugables y mecánicos que pueden durar varias entregas. Y aspectos clave del sempiterno Breath of the Wild se cocinaron a fuego lento en Skyward. Mi gran introducción a los juegos principales de Zelda —la que es, posiblemente, la saga de mi vida— solo alberga recuerdos positivos en mi memoria: una banda sonora preciosa, una historia arquetípica para la saga, pero tremendamente atrapante para un niño de 10 años, con una mecánica emocionante como era la del vuelo en neburí y unos combates marca de la casa. Me niego a rejugarlo, porque es inevitable que el diseñador fanfarrón y criticón que hay en mi actual interior arruine completamente lo que este juego significa para mí. Prefiero que siga viviendo en mi memoria como la primera gran aventura épica que completé en mi vida.
Super Smash Bros Brawl
Mucha gente no lo recordará, pero hubo una época en la que los multiversos cinematográficos no eran más que planes malvados en las cabezas de unos señores gringos que querían ganarse una buena feria. Cuando eres niño, siempre sueñas con ver a personajes de una saga y de otra juntos en una obra. El Jose de 9 años no sabía que existía una saga llamada Super Smash Bros en la que eso, en efecto, pasaba. El día que lo descubrió, simplemente no lo podía creer.
La primera vez que jugué Brawl —también en Wii, como no podía ser de otra manera—, simplemente no daba crédito. Tuvieron que pasar varios días hasta asimilar que ese juego era real y que había tantos personajes para elegir. Como recuerdo curioso, he de decir que nunca he jugado a la campaña de Brawl por una razón: mi Wii era pirata y, por algún motivo, el juego, también pirata, simplemente dejaba de funcionar después de la pelea entre Kirby y Mario —la que abre la campaña, The Subspace Emmisary—. Justo antes de que Wario secuestrara a Zelda o Peach, el juego se quedaba congelado sin remedio. A pesar de eso, lo jugué hasta la extenuación y, durante muchos años, dije que era mi juego favorito. No solamente creo que es la fórmula maestra de los juegos de pelea, sino que, al menos para mí, sirvió de catalizador a partir del cual descubrí muchas sagas de Nintendo que de otra manera, no conocería a día de hoy. Aunque sé que hay juegos de la saga objetivamente mejores que Brawl, siempre diré que es mi favorito de todos y la razón principal es su tema principal —compuesto por el maestro Nobuo Uematsu, ni más ni menos— y una campaña que nunca jugué y que, años después, vi por YouTube.


Pokemon Heart Gold
Para continuar construyendo a ese niño Nintendero, Pokémon tiene que aparecer en algún momento. Representante de un virus que se apodera de los niños del que yo también fui víctima, elegí Pokémon Heart Gold para Nintendo DS, porque considero que resume perfectamente la experiencia Pokémon: introduce una Johto rural, tremendamente mágica, tradicional pero llena de contrastes, en contacto con lo moderno sin perder la conexión con la historia de la región, que hace ver a Kanto como una versión beta.
Cuando somos niños, no nos preocupamos mucho por conformar un buen sextete que nos lleve a la gloria. Simplemente queremos que nuestro inicial llegue a nivel máximo usando el mismo ataque constantemente. En el resto de juegos de la saga, eso más o menos me funcionó. Sin embargo, la primera liga Pokémon del juego fue simplemente demasiado. Tuvieron que pasar años, todas las entregas posteriores hasta Pokémon X —y algunas anteriores, como Diamante o Rojo Fuego— y muchos, pero muchos intentos, para poder superarlo. A pesar de mis conocimientos adquiridos en el resto de juegos de la saga, fue una tarea complicada: la región de Johto no ofrece demasiada variedad ni calidad para conformar equipos potentes, o al menos, yo nunca fui capaz de dar con la tecla. Aún así, lo rejugué tantas veces para llegar a la liga Pokémon y fallar, que terminarlo casi diez años después fue, probablemente, la satisfacción más grande de mi vida como jugador. Por mencionar una de las razones por las que este juego tiene tanta importancia histórica, quiero recordar el PokéWalker, un curioso aparato que te permitía llevar a tu Pokémon contigo, para que subiera de nivel mientras caminabas o combatiera con Pokémon salvajes que aparecían en tus paseos…
Ahora que soy coleccionista, me siento orgulloso de haber sido capaz de conservar las cajas de todos los juegos de la saga Pokémon de DS. Solamente una se perdió en mi mudanza desde Venezuela: la de Pokémon Heart Gold.
Assassin’s Creed IV: Black Flag
Como ya he comentado, mi casa era Nintendera. Siempre me sentí cómodo y conforme en mi electrodoméstico de confianza. En ella, se encontraban todos los juegos que amaba y nunca necesité más, hasta un momento en el que mis ojos quedaron prendados con la imagen de una silueta encapuchada escalando edificios y asesinando villanos con un cuchillo que le salía de la muñeca. No había vuelta atrás. Fue entonces cuando comencé a envidiar a mis amigos que tenían una PS3. A pesar de ello, pocas fueron las ocasiones en las que tuve la oportunidad de meterle mano a un videojuego de la saga Assassin’s Creed hasta que me mudé a España, en el año 2013. Por tanto, en mi cabeza solo habían ilusiones creadas por mí mismo sobre cómo sería jugar un título de esta serie. Mi incapacidad para jugarlos tenía que cambiar. Sabía que la PS4 se lanzaría en noviembre de ese año y tras mucho insistir, la reservamos. Fueron los meses más largos de mi vida. Mi paciencia fue puesta a prueba. Nunca he esperado tanto un videojuego como a la que sería la entrega de nueva generación de mi saga platónica, Assassin’s Creed 4: Black Flag. Asesinatos, piratas, barcos y un Caribe junto al que había crecido y al que no tardé demasiado en extrañar.
El juego salió en octubre de 2013 y yo, como no podía ser de otra manera, reservé meses antes la edición coleccionista más cara que se podía comprar. Había visto mil veces cada tráiler, cada gameplay, cada entrevista, cada avance. Sin embargo, me encontré con un problema: tenía el juego, pero aún faltaba un mes para que saliera la PS4. Por lo tanto, me tocó esperar ese mes viendo cada día el juego encima de la mesa, sin poder hacer nada para cambiar mi miserable situación. Una vez salida la consola y jugado el título, no solo cumplió con mis expectativas, sino que las superó con creces. El tiempo lo ha puesto en el lugar que siempre mereció, junto a los mejores de la saga.


World of Warcraft
El mito de WoW había estado rondando por mi cabeza durante muchos años. Cualquier persona que esté mínimamente interesada en la industria del videojuego, acabará llegando de manera ineludible a la historia de este MMO legendario. Para mi alegría, en 2017 me dejé de tonterías y me adentré en Azeroth junto con un buen amigo con el que no paraba de compartir experiencias en diferentes RPGs singleplayer. El juego se notaba antiguo; de cierta manera, había algo que me hacía pensar que, por edad, no debería estar jugándolo. Las horas se convirtieron en días y ambos quedamos prendados. Supongo que no somos los únicos a los que les ha pasado eso. World of Warcraft tiene un algo inexplicable que te hace quedarte, que te hace recorrer tantos mundos, tantas expansiones que fueron saliendo a lo largo de los años y que dejaron una marca en Azeroth. Mediante los diferentes niveles de detalle de cada zona, se puede ver cómo el juego se fue modernizando hasta lo que es hoy en día.
Resulta fascinante que siga siendo el rey en lo suyo, tras tantas campanas anunciando su muerte en manos de algún competidor ocasional que, finalmente, no le aguantó ni medio asalto. Reconozco que WoW tuvo una gran influencia en mi manera de entender los videojuegos, cómo estos pueden transmitir cosas mágicas y emocionantes que se quedan guardadas para siempre en la memoria de los jugadores. Me hizo empezar a jugar juegos retro, poco conocidos. Pero, sobre todo, me hizo descubrir lo que es a día de hoy mi obsesión: el desarrollo independiente. No es por el hecho de haber jugado un juego concreto, sino por entender que los buenos juegos son atemporales porque los sentimientos que transmiten lo son. Porque la emoción, la maravilla al descubrir algo nuevo, la sensación de volver a casa o la satisfacción de haber conseguido lo que parecía imposible, son universales y no entienden de gráficos ni de fechas de lanzamiento.
Este juego se ha quedado conmigo, siempre le perteneceré y siempre termino volviendo a él en algún momento, por todo aquello que me enseñó. Pensé en meter otros juegos en este texto: Bloodborne —sé que no es un indie, y menos a día de hoy, pero en aquel momento era un género de nicho—, Hollow Knight, Sayonara Wild Hearts o Return of the Obra Dinn, porque me sentía mal desdeñando lo que significan para mi, pero llegué a la conclusión de que sin World of Warcraft, probablemente no los habría jugado jamás, no me habría dejado sorprender por sus propuestas y, probablemente, ni siquiera me dedicaría a lo que me dedico actualmente.
Gabriel Reyes

Resident Evil 4
Corría el año 2005, y Resident Evil 4 salió para PlayStation 2 tras su estreno en Gamecube. Y yo, con mis siete años de edad, no tendría que haberme acercado a ese juego lleno de sangre, monstruos y pelazos. Pero mi tío, en su infinita sabiduría o negligencia, me expuso a él un domingo cualquiera, y mi pequeña química cerebral se vio alterada para siempre. Su recién inventado estilo de cámara al hombro acabaría provocando que mi género favorito fuera el Third Person Shooter, mientras que sus Quick Time Events me llevaron a enamorarme de su estilazo de cine de acción flipadísimo, obnubilado por cada patada, voltereta y cuchillazo. Y si bien de pequeño solo sentía diversión, actualmente mis sentimientos se han tornado en admiración, al descubrir que Shinji Mikami sólo tuvo tres semanas para escribir todo el guión del juego. Súmale el remake de 2023, y tienes una de las mejores experiencias de la historia de los videojuegos.
Spec Ops The Line
Muchos años después de Resident Evil 4, el Third Person Shooter era toda una institución, cimentada por la revolución que supuso Gears of War junto a todas las copias que le sobrevinieron. Pero si el Third Person Shooter era una institución, el First Person Shooter era un monumento… a nuestros pecados. Porque el éxito de Call of Duty era un reflejo de todos los problemas que padecía el jugador de videojuegos. Y a falta de soluciones, el estudio europeo Yager nos ofreció una radiografía, en forma de Spec Ops The Line. Por medio de una antigua saga no muy conocida y aún menos recordada, Yager introdujo un caballo de Troya en nuestras consolas, que empezaba con tiroteos y explosiones para acabar sumergiéndonos en el corazón de las tinieblas, ofreciendo al jugador un espejo en el que reflejarse, por mucho que muchos no aceptaran lo que veían. Ninguneado en su día por el público, y amado a día de hoy por propios y extraños, no había visto nada a su altura en mis catorce años de edad, y dudo haberlo visto ahora, doce años después.


Far Cry 3
2012 marca el momento en el que los videojuegos comenzaron a mirar dentro de sí mismos. Y como todo lo que encontraron fue violencia, tocó hablar sobre violencia. El mencionado Spec Ops The Line estudio nuestra obsesión con la guerra y el espectáculo ofrecido a su costa, Hotline Miami hizo tres cuartos de lo mismo con la violencia en general, y Far Cry 3 llevó todas estas ideas al blockbuster. Pueden decirse muchas cosas sobre la mágnum opus de Ubisoft, desde alabar su evolución desde Far Cry 2 hasta su influencia en los mundos abiertos posteriores, pero si algo destacó en su época fue ver como nos presentaba a un personaje con un arco que le hacía evolucionar y cambiar, pasando de un pringado asustado de la violencia que le rodea hasta una máquina de matar implacable. El viaje que este cambio implica es suficiente para recordar este juego toda la vida, pero yo me quedo con dos cosas: Vaas Montenegro, y su jugabilidad emergente que acabaría influyendo a otro de mis videojuegos favoritos.
Metal Gear Solid V: The Phantom Pain
De forma no muy original, la tercera misión de Metal Gear Solid V nos pide colarnos en una base enemiga para matar a un comandante. Quién es ese comandante y por qué tenemos que matarlo es irrelevante, como casi toda la trama del juego, pero el transcurso de la misión jamás se irá de mi cabeza. Podría haber arrasado el lugar con explosivos desde el cielo, o haber llevado a cabo la clásica infiltración que protagonizaba su demo Ground Zeroes y que caracteriza a toda la saga. Pero yo subí a la colina más cercana a la base con un francotirador, esperé a que el comandante apareciera, y le pegué dos tiros, uno al casco y otro a la cabeza. Que mi memoria más prominente sobre un juego de Kojima tenga que ver únicamente con su apartado jugable me es suficiente para ignorar todas las críticas que le llaman director frustrado, y la misión 43 de este mismo juego es suficiente para considerarlo un director de videojuegos como ningún otro. El resto es un eco lejano.


The Beginner’s Guide
La primera y última vez que un videojuego me hizo llorar. Parafraseando al gran Dayoscript, Davey Wreden es el autor más importante del videojuego moderno.
Alex C. Santana

The Legend of Zelda: Skyward Sword
La primera vez que toqué un título de la saga ‘Zelda’ no fue ni en una ‘Nintendo 64’ ni en una ‘Gamecube’, ni mucho menos en ninguna de las consolas portátiles, sino en ‘Wii’.
Los recuerdos originales de esta obsesión creo que han sido pasto de la devastadora explosión química cerebral de aquel momento en el que hice esa profunda conexión, pero sigue vívida la sensación de haber sido poseído, tanto antes de tenerlo en las manos como al ver los créditos.
Es una historia de amistad profunda y amor verdadero, sobre el terror de verte separado de la gente que quieres, sobre la impotencia resultante, sobre entender que, por mucho que el destino te separe de los tuyos, siempre van a estar ahí para creer en ti. Es una historia que habla de una ley de la vida imposible de esquivar, pues el mal volverá a brotar de la tierra y siempre caeremos en la necesidad de intentar demostrar suficiencia cuando, en realidad, cualquier persona que ames sabe que no tienes nada que demostrar.
Y es en ese momento cuando adquieres la fuerza para derrotar la oscuridad. ‘Skyward Sword’ también representa para mí otra “primera vez”, la de adquirir conciencia sobre clichés, género y todo el correspondiente etcétera que continúa desarrollándose hasta nuestros días.
Es algo especial en todos los sentidos.
Beyond Good and Evil
Supongo que es otro de esos títulos “para nada políticos” de ‘Ubisoft’ sobre derrocar un status quo que se ha inventado una guerra para minar recursos humanos, y lo digo literalmente, en el que tu tarea como activista política es desenmascarar todo este entramado y proporcionarle a la gente el poder de la verdad para luchar contra el poder.
Este ‘Beyond Good and Evil’ es una obra que, a día de hoy, me sigue pareciendo una combinación de combinación relativamente inusual de elementos, aunque nos suenen muchísimo, incluso para la época de su salida en 2005.
Salir al agua con el deslizador, ver el sol en el horizonte, caminar por los barrios y visitar el bar, rebuscar entre las cuevas de los ladrones, saltarse el límite interpuesto por las fuerzas del orden sobre el mar, la emocionante aventura de entender por qué el mundo es como es y por qué tú eres como eres, los espacios y lugares, la música, sobre todo ‘Spanish Bar’, temazo donde los haya.
Y todo, absolutamente todo, tiene un compartimento oculto bajo su superficie donde hallamos los entresijos del orden establecido y los secretos de aquellos que luchan contra él. Las zonas abiertas y sus estampas, la acción de artes marciales, el sigilo, el ‘shooter’ del deslizador, el juego de carreras, el juego de fotografía, el juego de mesa raro del bar, los puzles mazmorreros y yo qué sé qué más, habitan ‘BGaE’ para enmarcar un mundo tan amable como hostil y las situaciones en las que podría verse envuelta una activista.
Doy fe de que mi madre, presente en movimientos e iniciativas políticas a pie de calle, se ha visto en situaciones parecidas, quizás no de manera tan épica y explosiva y sin las artes marciales, pero sí con el yoga, que ya tiene una edad.
Es un videojuego que me recuerda a muchas cosas que hemos decidido tachar de obsoletas, y que títulos como ‘Hi-Fi Rush’ reivindican en la primera línea del protagonismo. Me enseñó cosas bellas que no conocía en muchos sentidos, y por eso está aquí. Es el videojuego “woke” por excelencia y los “woke” somos los que nos lo hemos quedado.


Shadow of the Colossus
Aquí está el culpable de los dos siguientes puestos de la lista y de algo que ha marcado mi forma de entender los videojuegos para siempre, como a muchísima otra gente. El existencialismo, el minimalismo y la sensibilidad especial que desprende su forma de entender el lenguaje visual y sonoro – o al menos es así como lo interpreto, forman un conjunto que ha plantado en mí una especial inquietud por la “nada”. Empecé a entenderla como “algo” en lugar de aceptar la forma en la que la primera línea de la industria entiende este concepto.
Jugué ‘ICO’ por primera vez hace poco, y podría sumarlo a ‘SoTC’ y formar un binomio inspirador imprescindible para mí como persona que experimenta y crea cosas. . Es el culpable, también, de mi inquietud por querer hacer videojuegos, que algún día satisfaré, y de poner en práctica un ejercicio de lectura propia al respecto de aquello que tienes delante y de sentir la obra ajena como propia, cosa que hoy entiendo fundamental para poder experimentar cualquier producto cultural. Con el paso del tiempo, he entendido que fue este ‘Shados of The Colossus’ el que me hizo entender que los videojuegos no eran el único medio creativo interactivo, sino que todo lo que creamos requiere de nuestra interacción para poder experimentarlo, interiorizarlo y habitarlo.
De las cosas más importantes que me han pasado.
Kentucky Route Zero
La forma en la que entiendo el concepto “arte” en la actualidad, es culpa de ‘KRZ’. Venimos de hablar de ‘SoTC’, su expresión minimalista y contemplativa y aquí viene una capa más. Aquí me di cuenta de que crear un videojuego podía resultar en algo que se parecía a una aventura gráfica, pero que se servía de mucho menos para poder ser ella misma. Entendí que yo quería hacer algo así algún día. Algo que me dejara escribir y construir imagen, que me dejara esconder texto en los espacios del mundo interior, del cerebro y las tripas, en los personajes habitantes, y que me permitiera no tener que pensar en una línea tradicionalmente sólida para poder vomitar lo que tengo dentro, más que dejarme llevar por la intuición de los sentimientos. Aquí se alojan ideas sobre la sociedad, sobre el mundo, sobre lo que significa el arte, la perspectiva sobre él como concepto, sobre el capitalismo, sobre el camino de la vida y los fantasmas que deja en el camino, sobre el trote de los caballos y sus espíritus errantes, observadores del mundo humano desde su propio mundo, pareciendo entender y empatizar más de lo esperado con los problemas de los bípedos extraños que somos.
Me doy cuenta de que, al hablar expresarme sobre las ideas que para mí cobran vida en esta obra, doy por hecho que también me estoy refiriendo a la forma en la que estas ideas son encontradas o, como comúnmente se suele decir, al “gameplay”. No estamos acostumbrados a entender el videojuego como un todo, siempre separando el “juego” de la “narración”. Aquí aprendí que el “juego” no puede evitar narrar y la “narración” no puede evitar ser jugada, independientemente de cómo funcionen sus sistemas e independientemente de cuánto texto o gameplay haya. Habría gente que no llamaría a ‘KRZ’ videojuego, sino “experiencia”, y me da la impresión de que jamás vamos a entender los videojuegos de la misma manera que podemos entender otras cosas.
‘Kentucky Route Zero’ es un estrato más añadido a ‘SoTC’ y todo lo que aspiro a ser en esta vida como creativo.


Death Stranding
La última parada de esta lista no puede ser otra que el producto de los pasos anteriores y promotor de que aparecieran otras cosas tan importantes para mí como el ‘Universo Remedy’, ‘Metal Gear Solid’ -sí, jugué primero ‘Death Stranding’ antes que ‘MGS’- ‘Nier’, ‘Hellblade’, ‘Inscryption’, ‘Hyper Ligth Drifter’, etc. Cambió mi forma de pensar en las historias que intentaba crear. Es una obra hermética, minimalista, aunque no lo parezca, profundamente plegada ante el caos de un mundo interior en reconstrucción. Vas a la deriva en un mundo donde no sabes cuál es tu lugar. Es el producto de ver ‘Neon Genesis Evangelion’, fumarte un “júpiter” y sacar otra reflexión alternativa, intrínsecamente política y social. Es el broche definitivo a todo un recorrido personal mío que, además, abrió debate mundial al respecto de qué es o no un videojuego. Como dije antes, es una obra que cambió mi forma de escribir y de pensar en historias. Añadió más argumentos a mi forma de entender los videojuegos solidificando los cimientos de un discurso que llevaré siempre conmigo y que me hace sentir y experimentar los videojuegos más intensamente: “bien” y “mal” no son conceptos que me interesen para hablar de obras producto de la creación.
‘Death Stranding’ es el “walking simulator” por excelencia y con orgullo, a pesar de su uso despectivo por parte de cierto público . Ahí estaré siempre como una persona que entiende la imperfección como la absoluta perfección y como la promesa de un viaje que merece ser vivido. Si de algo habla ‘Death Stranding’, es de que siempre hay alternativa.
Como dije antes, es una obra de ciencia ficción que cambió mi forma de escribir y de pensar en historias. Death Stranding añadió más argumentos a mi forma de entender los videojuegos. Para cerrar los cimientos de un discurso que llevaré siempre conmigo y que me hace sentir (y experimentar) los videojuegos más intensamente: “bien” y “mal” no son conceptos que me interesen para hablar de obras producto de la creación.
‘Death Stranding’ es el “walking simulator” por excelencia y con orgullo, a pesar de su uso despectivo por parte de cierto público -siempre me va a parecer un concepto con cierto carácter negativo a pesar de que yo mismo lo haya podido normalizar- y ahí estaré siempre como una persona que entiende la imperfección como la absoluta perfección y como genuina premisa para un viaje extremadamente interesante a la hora de encontrarte en la obra, tanto a través de las compatibilidades como de las compatibilidades y siempre buscando la posibilidad de hacer otra lectura o de convivir con varias lecturas, incluso. Si de algo habla ‘Death Stranding’, es de que siempre hay alternativa.
Rosmén Álvarez Rodríguez
Ah, los videojuegos… el entretenimiento lúdico digital sin el cual yo no sería la persona que soy hoy en día. Los videojuegos han estado conmigo como una constante en mi vida desde que mis padres compraron por un casual una Atari 2600 clonica, sin saber ellos en ningún momento que esa simple acción marcaría mi vida para siempre. Pero hoy no toca hablar de por qué uno está irremediablemente enganchado a ellos, sino de hacer memoria y recordar cuales son los cinco videojuegos que puedo decir que me marcaron mucho mas que otros por diferentes motivos. Juegos a los que termino volviendo pase lo que pase, independientemente de backlogs pendientes y novedades. Al turrón:

DOOM
¿Cómo estrenas tu primer ordenador? Con lo que sería amor a primera vista. Lo había visto en revistas, y el boca a boca no paraba de hacerme llegar cositas a cuentagotas sobre el juego de ID Software. Pero fue caer en su acción frenética dentro de una compleja simpleza que hacía fácil de entender y manejar lo que ahí pasaba, y no volver atrás. Fue el punto donde nació mi amor por los fps. Pero mientras muchos títulos del estilo pasan por mis manos, Doom es al que siempre vuelvo, sea en su forma mas clásica, o con los agregados de sourceports modernos. No por nada es el juego que más veces tengo comprado en múltiples plataformas.
Bayonetta
De un trailer que me hizo preguntarme que por qué habían hecho un videojuego de Martirio, a un flechazo total en el momento de jugarlo. La combinación perfecta de teatralidad, mecánicas, carisma, y jugabilidad, que me tuvieron más de 100 horas enganchado en Xbox 360 como nunca logró ningún otro juego de la plataforma al punto de solo faltarme dos logros para completarlo. Bayonetta es una experiencia redonda y adictiva que me caló hondo, al punto de que personalmente considero que es de lo mejor que le ha pasado al medio en muchos años.


Super Metroid
Hay muchas cosas positivas que hablar de este título, desde como es pivotal para el generó que prácticamente inauguró en NES y perfeccionó aquí, o de como es excelso en su ejecución. Pero para mí, Super Metroid tiene un alto valor sentimental.
En una época de vacas flacas para la familia, mi padre tuvo un arranque y decidió regalarme el juego sin ningún motivo aparente ni ser una fecha señalada. Ese factor enalteció mucho mi experiencia con el juego, maximizando todas las emociones que el juego me brindó en su momento. Revisitarlo es para mí casi un ritual.
Sonic The Hedgehog 2
Soy un fan de Sonic desde que tuve mi primer juego del erizo azul en Master System (el primero). Pero es el segundo el que para mí es la perfección de la fórmula y el que mejor empaqueta la experiencia jugable de la franquicia en su aspecto clásico, solo es superado por Sonic Mania. Pero está en esta lista por el impacto que tuvo en mi en su día, en una tormenta perfecta de situaciones. Desde la cinta promocional de Super Juegos y su análisis extenso en Hobby Consolas subiéndome el hype por las nubes cuando aun no existía esa definición, y el momento en el que me regalaron un bootleg para Mega Drive del juego, con el que pasé horas y horas completándolo de mil maneras y haciéndole perrerías en el modo debug.


The Legend of Zelda: Ocarina of Time
Las sensaciones. Lo que sentí jugando por primera vez a Ocarina of Time fue único. Fueron dos semanas enteras jugando sin parar, disfrutando de cada momento del juego. Como he dicho, las sensaciones que tuve fueron irrepetibles. Esa sensación de aventura, de amplitud, de epicidad, de libertad… Puede que con otros juegos haya sentido cosas parecidas (sin ir mas lejos, con Breath of the Wild). Pero en el contexto temporal, fue una experiencia redonda que me tenía pensando en ella todo el día (e incluso después) y que marcó profundamente mi visión hacia los videojuegos y lo que podían ser y ofrecer.
Y hasta aquí este articulo comunitario. Has podido comprobar que cada persona es un mundo en sí mismo, aunque en ocasiones se repitan juegos. En nuestra redacción tenemos gustos tan variados y contextos tan personales que hacen de cada selección algo único y especial. Y es que da igual qué títulos estén de moda, qué juegos entren dentro de tops, o cuáles estén arriba en puntuaciones globales. Cada momento, y cada situación, puede hacer que un juego se convierta en algo especial–independientemente de su calidad.
Y eso es lo bonito del medio, que hay de todo para todos.