Análisis Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón
Impresiones sobre el cierre de la saga

Análisis

Si hay algo que caracteriza a Naughty Dog más allá de su celebrada excelencia, es su sentido de la medida. Lejos de la tendencia a explotar la gallina de los huevos de oro hasta que éstos salen de latón, la desarrolladora californiana siempre ha sabido cuándo parar o pasar el testigo. Lo hicieron tras tres entregas y un spin-off de Crash Bandicoot y tres de Jax and Daxter, franquicias caídas en desgracia tras ser traspasadas a terceros. Eso, sumado a su entera dedicación a la serie que en ese momento les ocupe, les ha granjeado la admiración casi unánime de prensa y consumidores.

La saga Uncharted no rompe con esa tónica. Con la salvedad de The Last of Us, ND se ha centrado casi exclusivamente en el desarrollo de la historia de Nathan Drake desde el lanzamiento del brillante (si bien embrionario) El Tesoro de Drake, hace ya nada más y nada menos que nueve años, y del mismo modo siempre existió el objetivo de abandonar el escenario antes de que el público lo exigiera. Tras tontear con esa posibilidad en La Traición de Drake, el título de esta cuarta entrega deja a las claras que toca despedirse de Nate y el resto del elenco. Y, como era de esperar, es el mejor adiós posible.

EL DESENLACE DE UN MITO

El Desenlace del Ladrón nos sitúa tres años después de la anterior entrega. Tras retirarse de su peligrosa y poco productiva vida de cazatesoros, Drake se dedica a rescatar objetos hundidos en una empresa de salvamento marítimo y vive (al fin) con Elena, anillo, traje y vestido blanco mediante. Aburrido de su día a día, y rechazando algún que otro trabajo a la vieja usanza con todo el dolor de su alma, recibe atónito a su hermano Sam 15 años después de verle por última vez. El resultado, por supuesto, es embarcarse en otra epopeya llena de saltos, puzzles, tiroteos y el bigote de Sully.

Es precisamente en torno al bueno de Sam Drake donde reside gran parte de las muchas virtudes narrativas de Uncharted 4. Sin entrar en detalles, su prolongada presencia a lo largo de la campaña genera una maravillosa dinámica entre los hermanos, deudora principalmente de uno de los mejores guiones jamás escritos para el medio. El juego profundiza magistralmente en esta relación por medio de diversos flashbacks, todos ellos jugables, que arrojan luz sobre el nuevo fichaje y también sobre el eterno protagonista, añadiendo un excelente trasfondo a un personaje ya de por sí entrañable y logrando inmediatamente una enorme empatía por parte del jugador. Siguen igualmente geniales los ya veteranos Elena y Sully, que cobran aún mayor importancia durante el climático tercer acto tras perder algo de protagonismo en favor de Sam durante los dos primeros, aunque de un modo u otro siempre están presentes en la historia y resultan decisivos en la misma. Por lo demás, el juego nos ofrece tanto grandes dosis de nostalgia como una magnífica historia, que ata cabos competentemente y brinda una conclusión de lo más satisfactoria, rematada con un emocionante epílogo.

Esta brillantez narrativa está asistida por un apartado gráfico intachable. A los bellísimos y gigantescos escenarios (sobre los que ya hablaremos en el apartado jugable) se suma un diseño de personajes prácticamente perfecto, con protagonistas y antagonistas (geniales, en la línea de la serie) enormemente expresivos y con visibles imperfecciones, contribuyendo al buen desarrollo de la historia tanto como los excelentes diálogos. Desde las animaciones a las texturas. no hay aspectos desidiosos ni detalles particularmente mejorables, redondeando un aspecto visual que lleva al límite las capacidades de la plataforma y alcanza un nivel rara vez visto en consolas.

Al abordar el terreno jugable, toca volver a mencionar los escenarios. Y es que además de ser la pieza maestra de un sobrecogedor diseño de producción, aportan muchísimo a la experiencia; cuando no te quedas bobo mirando al horizonte (a base de simple observación he acumulado casi dos horas de tiempo inmóvil en mi primera partida), inviertes tiempo gustosamente en explorar los entornos, ya sea por el simple placer de hacerlo o en pos de encontrar alguno de los 109 tesoros, más duros de hallar que nunca a consecuencia, precisamente, de la enormidad. El nivel de detalle incluso en las zonas inalcanzables para el jugador es simplemente inaudito, dotando al mundo de un carácter orgánico e inmersivo.

AL GUSTO DEL JUGÓN

Escenarios aparte, Uncharted 4 perfecciona las mecánicas ya presentes en la serie y añade otras nuevas, algunas de ellas claramente deudoras del ya mencionado The Last of Us, como la interacción con los objetos encontrados e incluso la interfaz de la misma, prácticamente idéntica, algo que encaja a la perfección en una franquicia que, entrega tras entrega, fomenta cada vez más la exploración. A esto hay que añadir la inclusión del gancho, muy presente en diversas facetas del juego y eje central de algunas de sus secciones más espectaculares, que ya es decir mucho. Sin embargo, el mayor logro jugable se encuentra en la acción. Por primera vez, se brinda la posibilidad real de completar la mayor parte de estas secciones sin pegar un tiro, animando al jugador a utilizar el sigilo y ofreciéndole, al fin, medios para lograrlo. Es una ruta más limpia y también más difícil, gracias a un mejor comportamiento de la IA enemiga, que aunque imperfecta, actúa de manera más coherente y estratégica, cubriendo los puntos de mayor visibilidad y obligándonos a actuar con paciencia. Con todo, y quedando lejos los continuos y frustrantes mares de enemigos de la primera entrega, Naughty Dog no olvida los orígenes de la franquicia, ofreciendo como contrapunto la acción más endiablada y espectacular de las cuatro entregas por medio de tiroteos masivos, escenarios parcialmente destruibles y la mayor variedad de armas vista en la serie. Sea como sea y procedas como procedas, lo cierto es que estas secciones son muy gratificantes y lo suficientemente complejas como para abordarlas de manera completamente distinta en una hipotética segunda partida.

La campaña tiene una duración aproximada de unas quince horas

Por contra, encontramos cierto inmovilismo en los puzzles. Más allá de pequeños detalles, como una mayor interactividad con el diario, los rompecabezas presentan mecánicas familiares y son bastante facilones. Si bien es cierto que no hay por qué arreglar lo que no está roto, sí es cierto que, una vez más, se pierde la oportunidad de complicar un poco estas secciones a fin de lograr mayor profundidad. Es cierto que la franquicia nunca tuvo intención de diseñarlas a lo Tomb Raider, pero no deja de entristecer que cada vez menos producciones importantes apuesten por este aspecto jugable.

La campaña tiene una duración aproximada de unas quince horas, que aunque puedan antojarse excesivas en un juego de estas características no se hacen pesadas en absoluto, y si bien es verdad que el tercer acto se prolonga más de lo habitual, lo cierto es que su espectacularidad y emoción relativizan muchísimo el tiempo invertido.

En el apartado sonoro, como viene siendo habitual, no hay absolutamente nada reprochable. Dejando de lado el competente doblaje al castellano, el reparto original de siempre, encabezado por Nolan North, da la bienvenida el gran Troy Baker en el papel de Sam, uniendo al fin a dos enormes actores de doblaje (sus personajes en The Last of Us sólo coincidían cuando uno de ellos yacía ligeramente troceadito) en un juego de Naughty Dog, completando así un gran ejemplo de fan service. En cuanto a la banda sonora, podemos respirar tranquilos: aunque Greg Edmonson no esté esta vez a la batuta, el siempre eficaz Henry Jackman (cuyo trabajo pudimos escuchar recientemente en Capitán América: Civil War) compone una de las mejores BSOs de la serie, utilizando con cierta frecuencia el leitmotiv del clásico tema principal a pesar de no estar este explícitamente incluido en ningún momento, sonando siempre en forma de variaciones y, por primera vez, ausente en el menú principal.

Cubiertos los aspectos principales de la campaña, toca hablar del multijugador. Más allá de cierta inestabilidad en los servidores, principalmente en lo referido a matchmaking, estamos ante el online más surrealista y divertido de la serie; principalmente a raíz de la presencia de los llamados “objetos místicos”, que son nada más y nada menos que los tesoros centrales de anteriores entregas, tales como El Dorado o la Piedra Cintamani. Esto, unido a las armas heroicas y la variedad de personajes y trajes en contrapunto a los pocos modos de juego, conforma un modo multijugador quizá más enfocado a la nostalgia y el fan service que al carácter competitivo, pero que sin embargo presenta varias mecánicas que requieren dedicación y añade detalles naturalmente ausentes en la campaña, como la utilización del gancho en el cuerpo a cuerpo o diversas formas de jugar como apoyo. Con algún que otro parche y ciertos nerfeos, principalmente en lo que a compañeros respecta (PUTOS CAZADORES ARFHFHFHYFHFHFBDBHDJUG), es muy probable que goce de buena salud durante bastante tiempo, aunque sólo sea por desbloquear a todos los personajes o poder ponerles piercings labiales. A fin de cuentas, ¿quién no quiere jugar con un Tenzin sobradito de swag?

Es posible que Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón no sea un juego perfecto, si es que tal cosa existe, pero sí podemos afirmar sin miedo que poco le falta. Naughty Dog ha logrado, quizá, su mejor trabajo hasta la fecha, algo que parece impensable echando un ojo a su pequeño gran catálogo. Además de ser vibrante, desafiante y espectacular, cuenta una historia exquisita y madura que hará las delicias de los veteranos de la saga y animará a los despistados a adentrarse en las primeras entregas, algo que debería ser obligatorio por ley si se tiene una PS4. Es, en conclusión, una auténtica obra maestra, el mejor exclusivo de Sony de largo y, atrevido como pueda sonar, uno de los mejores videojuegos jamás realizados. Nathan Drake no merecía otra cosa.



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